El ser humano está a las puertas de volver a la Luna más de medio siglo después, y su “casa” durante el viaje será Orión, una nave del tamaño de una furgoneta que albergará a cuatro astronautas durante unos diez días y 1,1 millones de kilómetros de travesía en la misión Artemis II.
Una “caravana espacial” para cuatro astronautas
Orión será el único hogar de la tripulación mientras rodea la Luna: vivirán y trabajarán en el módulo de tripulación, mientras el módulo de servicio se encarga de suministrar agua potable, nitrógeno y oxígeno para respirar. La cabina ofrece unos 9,3 metros cúbicos (unos 330 pies cúbicos) de volumen habitable, un espacio similar al de dos monovolúmenes, lo que obliga a un diseño extremadamente funcional de cada rincón.
Tras el lanzamiento en el cohete SLS, los astronautas retirarán los reposapiés de los asientos delanteros para ganar algo más de movilidad durante el resto del vuelo. Orión dispone de paneles solares, sistemas de soporte vital y un módulo de servicio europeo que almacena propelente, agua y gases, permitiendo misiones más largas que las del programa Apolo.
Dormir atados a la pared y turnos coordinados
Durante la mayor parte de la misión, los cuatro tripulantes dormirán al mismo tiempo, en una “noche” sincronizada para toda la nave. En ausencia de gravedad, los sacos de dormir se sujetarán a las paredes de la cabina y se podrán colgar en distintos puntos, de modo que cada astronauta tenga su propio espacio reducido de descanso.
Antes de dormir, podrán usar tabletas y dispositivos personales desde el interior del saco, que incluye aberturas para los brazos, al estilo de un “traje-manta” espacial. La iluminación de la cabina y los visores de las ventanas se ajustan para bloquear la luz cuando sea necesario y ayudar al cuerpo a mantener un ciclo de sueño lo más regular posible.
Menú cerrado, ejercicio y aseo en microgravedad
La alimentación estará planificada al detalle: un menú cerrado, diseñado para reducir al mínimo la generación de residuos, con alimentos envasados y seleccionados para cubrir todas las necesidades nutricionales sin sobrecargar el sistema de gestión de desechos. La tripulación seguirá una rutina de comidas y ejercicio físico diario con equipos compactos, imprescindible para mitigar la pérdida de masa muscular y ósea en microgravedad, incluso en una misión relativamente corta.
Para la higiene personal, el interior de Orión cuenta con soluciones adaptadas a la falta de agua corriente: toallas húmedas, sistemas específicos para el cuidado dental y un pequeño inodoro espacial con hardware diseñado para compartimentar los residuos. Los astronautas entrenan en tierra todos estos procedimientos para que cada gesto —desde lavarse hasta usar el baño— sea eficiente y seguro en condiciones de ingravidez.
Comunicación, salud y apoyo psicológico
La vida a bordo incluye comunicaciones constantes con la Tierra. Los astronautas usarán micrófonos de mano, altavoces o auriculares para hablar con el control de la misión, realizar chequeos médicos con los “médicos de vuelo” y mantener videollamadas periódicas con sus familias. Orión lleva un botiquín con material de primeros auxilios y dispositivos básicos de diagnóstico —como estetoscopio y electrocardiógrafo— para enviar datos en tiempo real a los doctores en tierra en caso de malestar o incidente menor.
Cada tripulante tendrá además conferencias médicas privadas para abordar tanto cuestiones físicas como emocionales, un aspecto clave en una cápsula pequeña, aislada y sometida a alta carga de trabajo y responsabilidad. La misión Artemis II, más allá de probar sistemas técnicos, servirá precisamente para ajustar estos protocolos de vida cotidiana —comer, dormir, ejercitarse y comunicarse— de cara a viajes posteriores más largos y ambiciosos hacia la superficie lunar.

