Estados Unidos ha intensificado sus movimientos militares en las cercanías de Irán mientras las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán permanecen estancadas y “penden de un hilo”, en un escenario marcado por maniobras navales de ambos países y crecientes tensiones en Oriente Medio.
El Pentágono ha acercado el portaaviones USS Gerald R. Ford y su grupo de combate hacia el Mediterráneo oriental, con la posibilidad de que cruce Gibraltar y se sitúe en una posición que le permita apoyar a Israel y Jordania en caso de una escalada con Irán. Este despliegue se suma a otros buques de guerra y medios aéreos estadounidenses ya presentes en la región desde la guerra entre Israel y Hamás, reforzando la capacidad de misiles antiaéreos y de ataque de Washington.
En paralelo, Irán ha iniciado ejercicios militares conjuntos con Rusia que incluyen maniobras navales y lanzamiento de misiles en aguas próximas al estrecho de Ormuz, paso por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Teherán ha emitido avisos a los pilotos de la zona sobre posibles lanzamientos de misiles antibuque, en un mensaje que los analistas interpretan como una demostración de fuerza frente a la presencia militar estadounidense.
Las recientes rondas de diálogo indirecto entre Irán y Estados Unidos en Ginebra, bajo mediación de Omán, han concluido con avances limitados: se acordaron “principios orientadores” para un eventual acuerdo, pero sin un compromiso definitivo sobre los puntos clave. Teherán ha insinuado posibles concesiones técnicas en materia de enriquecimiento de uranio e inspecciones, pero rechaza imponer límites a su programa de misiles, uno de los principales escollos para un entendimiento.
Fuentes diplomáticas citadas por la prensa internacional señalan que, aunque ambas partes mantienen abierto el canal negociador, la falta de resultados concretos ha llevado a un aumento de la “diplomacia de cañoneras”, con más presión militar en el terreno como forma de ganar influencia en la mesa de negociación.
Expertos en seguridad advierten que la combinación de ejercicios militares en el estrecho de Ormuz y el despliegue de portaaviones y destructores estadounidenses incrementa el riesgo de incidentes, errores de cálculo o choques directos entre fuerzas de ambos países. Al mismo tiempo, recuerdan que Washington mantiene líneas rojas claras —como ataques a aliados o acciones que amenacen el tránsito energético—, por lo que el aumento de activos militares busca tanto disuadir a Irán como ofrecer al presidente Donald Trump la opción de una respuesta rápida si la crisis se agrava.

