La primera ministra de Perú, Denisse Miralles, presentó su renuncia irrevocable al cargo apenas un día antes de que su gabinete se sometiera al voto de confianza del Congreso, dejando al Gobierno en plena crisis política a menos de un mes de las elecciones generales de 2026.
Miralles, que llevaba solo tres semanas al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros, comunicó su decisión al mandatario José María Balcázar mediante una carta en la que formaliza su dimisión “en atención a la solicitud” formulada por la propia Presidencia. La premier agradeció la confianza depositada al ser nombrada el 24 de febrero, pero evitó pronunciarse públicamente sobre las discrepancias internas y las investigaciones fiscales que la rodean.
La salida de Miralles se produce en un contexto de abierta hostilidad parlamentaria hacia su gabinete: bancadas como Avanza País y Renovación Popular ya habían adelantado que votarían en contra del voto de confianza, mientras otros grupos exigían su renuncia y la recomposición del equipo ministerial. De acuerdo con la prensa local, el Ejecutivo habría optado por forzar su dimisión para evitar una previsible negativa de confianza que agravara aún más la crisis institucional.
La ya exprimera ministra afronta investigaciones por presuntos delitos ambientales vinculados a su gestión previa al frente de una agencia de inversión, mientras que los ministros de Justicia, Vivienda, Interior y Educación también están bajo la lupa por irregularidades que incluyen falsificación y colusión agravada. Estas causas fueron utilizadas por varios congresistas como argumento para negar la confianza y reclamar cambios profundos en el gabinete.
La renuncia obliga ahora al presidente Balcázar a nombrar de urgencia a un nuevo jefe de gabinete y a recomponer su Consejo de Ministros antes de acudir nuevamente al Parlamento en busca de respaldo político. Según medios internacionales, el exministro de Defensa Luis Arroyo figura como principal candidato para asumir la Presidencia del Consejo de Ministros en este gobierno de transición.
El episodio añade una nueva capa de inestabilidad a la ya frágil escena política peruana, marcada en los últimos años por la alta rotación de primeros ministros y por la tensión recurrente entre Ejecutivo y Legislativo. La dimisión de Miralles, a las puertas del voto de confianza, refuerza la percepción de fragilidad del gobierno de transición y alimenta la incertidumbre de cara a las elecciones generales previstas para 2026.

