El Vaticano decretó la excomunión de cuatro obispos pertenecientes al movimiento lefebvriano tras ser consagrados sin la autorización del Papa, una decisión que el derecho canónico considera un acto de grave desobediencia.
La medida afecta a los prelados ordenados por la corriente tradicionalista vinculada a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Marcel Lefebvre. La legislación de la Iglesia establece que tanto quien consagra como quien recibe la consagración episcopal sin mandato pontificio incurren en excomunión automática.
El conflicto entre la Santa Sede y el movimiento lefebvriano se remonta a 1988, cuando Marcel Lefebvre ordenó cuatro obispos sin el consentimiento del entonces papa Juan Pablo II. Aquella decisión provocó una ruptura con Roma y dio lugar a décadas de intentos de reconciliación.
Aunque en años posteriores algunos gestos del Vaticano buscaron acercar posiciones con los sectores tradicionalistas, la consagración de nuevos obispos sin la aprobación del Pontífice constituye una violación del derecho canónico y conlleva la sanción más severa prevista por la Iglesia.
La excomunión implica que los afectados quedan excluidos de la recepción de los sacramentos y del ejercicio legítimo de determinados actos eclesiásticos, mientras permanezca vigente la sanción.

