De alguna forma y en cualquier momento hemos visto cómo se soluciona un conflicto a nuestra satisfacción —o no—; sin embargo, a veces se hace con algún tipo de ética y depende también de los valores, principios y/o de la neutralidad que traiga quien funge como árbitro para impartir la razón, porque hasta para eso hoy en día se combinan colores de acuerdo con los fundamentos éticos con que se amanece y se oscurece, según los ánimos.
…En los días recientes, debido a los cambios en el acontecer de Venezuela, se habla de negociaciones, paz y reconciliación nacional como si esto fuera un menú de restaurante al que se acude según el ánimo del comensal y, de paso, se crean comisiones con rango presidencial para la ejecución de dichos tratos.
Por eso, Delcy Rodríguez ordenó este 30 de enero que se entregue a la Asamblea Nacional una propuesta de ley de amnistía para favorecer a los presos políticos en Venezuela desde 1999 hasta la actualidad; eso implica, un reconocimiento del exterminio político que vive el país caribeño al instaurarse el primer gobierno de Hugo Chávez.
Al mismo tiempo, se crean otras comisiones: el Programa para la Convivencia Democrática y la Paz en Venezuela, presidido por Ernesto Villegas, y la Comisión para la Revolución de la Justicia, presidida por Diosdado Cabello Rondón.
—¿Dónde está la preocupación? —- Muchos de los que pertenecen a estas comisiones han sido verdugos en el pasado de cualquier gestión de liberación de presos políticos, incluso públicamente eliminando alguna opción de que esto ocurriera y cercenando la posibilidad de reconciliación. —¿Dónde estaría el cambio ahora? —
Por lo demás, los métodos que se utilicen para negociar y filtrar no los sabemos, pero daré ejemplos de forma negativa, en circunstancias de distinta índole, cómo se llevan a cabo estas gestiones.
En conflictos legales, si la parte acusadora logra conseguir la aceptación del crimen por parte del acusado, se negocia su pena; y si consigues que delate a los compinches, te dan un mejor trato y hasta reducción de la condena.

Si vamos al conflicto político, no es muy diferente: te doy lo que necesitas a cambio de apoyo electoral, o te dejo en el cargo si a futuro me complaces en alguna petición.
Pero, si vemos el campo de guerra, según cómo amanezca, veo si te aviso del bombardeo que voy a hacer para que no haya muertos; no importa lo que declares, siempre y cuando aceptes que yo lo hice, siendo un logro para mi propaganda electoral futura.
Todo se ha vuelto un negocio. Gracias a Dios, la muerte en paz no se da en una transacción; imagina el trato entre la pelona y tú.
Por consiguiente, si los que lideran estas comisiones son parte del problema y, además, contaminan la relación entre las partes, entonces vienen los crepúsculos según el escrúpulo, si es de forma negativa. Por ejemplo:
Crepúsculo de la mañana: principio de error inaugural. Se empieza desde la carencia y la confusión; las decisiones nacen incompletas y arrastran fallas desde su origen.
Crepúsculo de la tarde: principio de desgaste y límite. Lo hecho revela sus consecuencias irreversibles; ya no hay corrección, solo confrontación con lo perdido.
¿En qué momento la humanidad le dio más valor a la necesidad que a la tranquilidad de la conciencia? Estamos hablando de seres humanos que, en muchos casos, llevan encerrados muchos años, lejos de su familia y en mal estado de salud por torturas y violaciones. Y hay quien dice, al ver a algunos que ya gozan de libertad: “Fíjate qué tan gordos están, se ven bien”. ¿Es que acaso el daño psicológico se ve, se palpa? Nadie sabe qué tan afectado ha quedado un ser humano sometido a la distancia de su familia por delitos que no cometió.
Por otra parte, están los perseguidos que debieron salir del país por temor a correr la misma suerte, llegando hasta el colmo de quitarles la nacionalidad. Y les reitero que la ingenuidad no es mi característica: muchos de ellos no son santos de mi devoción, pero el extremismo es malo en cualquier sentido.
Porque la conciencia no se compra en un estante de mercado, y debemos, de verdad, sin complejos ni miedos, apartar a quienes colaboraron con estas encarcelaciones y someterlos a una verdadera justicia. De lo contrario, no habrá paz jamás. No puedes pregonar la reconciliación siendo tú mismo el torturador, y aún peor es tratarnos como eunucos mentales al hablarnos de que eso es pasado, cuando hace poco más de un mes se hablaba de meter más gente presa por pensar distinto y que solo porque ahora tienes la bota yanqui en el cuello es que cambiaste.
La historia enseña —aunque muchos se empeñen en ignorarla— que ningún poder se redime a sí mismo si antes no reconoce el daño causado. No hay comisión, ley ni discurso que sane una herida abierta cuando quienes empuñaron el látigo ahora se presentan como médicos del alma nacional. La enseñanza es simple y brutal: la paz no se decreta, se construye con verdad; y la reconciliación no nace del cálculo político, sino del acto incómodo de asumir responsabilidades. Todo lo demás es solo un crepúsculo más, con luz suficiente para fingir cambios, pero con sombras intactas donde sigue escondiéndose la injusticia.
Un fraterno abrazo a todos.
Corrector de estilo: Licenciada Milenka Mancilla Velásquez

