Al menos dos decenas de migrantes han muerto en los últimos días en la frontera entre Marruecos y Argelia, víctimas de hipotermia y desnutrición, en una nueva tragedia que pone en evidencia los riesgos mortales de las rutas migratorias del norte de África y la política de contención pactada con Europa.
Según informes de organismos internacionales y medios españoles, los fallecidos eran en su mayoría subsaharianos que intentaban cruzar el desierto hacia Europa, y que quedaron atrapados en una zona de paso altamente militarizada y expuesta a temperaturas extremas. En algunos casos, los cuerpos fueron hallados en zonas montañosas o desérticas, donde la falta de agua, comida y refugio agrava las condiciones de supervivencia.
La situación se agrava porque Argelia expulsa a miles de extranjeros sin papeles hacia el desierto, mientras Marruecos endurece el control de sus fronteras como parte de acuerdos de contención migratoria con la Unión Europea. Organizaciones de derechos humanos denuncian que estas políticas “siembran el Magreb de tragedias ocultas” y exponen a las personas migrantes a condiciones casi imposibles de sobrevivir.
El caso ha reavivado el debate sobre el papel de Europa en la gestión de la migración irregular y sobre la necesidad de canales seguros y regulares para que las personas puedan huir de conflictos, pobreza y persecución sin arriesgar la vida en el desierto. Mientras tanto, gobiernos y ONGs exigen investigaciones independientes sobre las muertes y un cambio urgente en las políticas migratorias del norte de África y de la UE.
