El Consejo Presidencial de Transición (CPT), el órgano colegiado creado en 2024 para ejercer la jefatura de Estado en Haití, agotó este sábado su mandato sin que exista una estructura clara que lo reemplace, lo que abre la puerta a un posible vacío político en un país ya desbordado por la violencia de las bandas y la crisis humanitaria.
El CPT, instaurado tras la dimisión del entonces primer ministro Ariel Henry y concebido para pacificar el país y encaminar un calendario electoral, no logró ninguno de sus objetivos centrales: no restableció el orden público, no redujo significativamente el control territorial de las pandillas y apenas dejó esbozada una hoja de ruta para celebrar elecciones en el segundo semestre de 2026. Estados Unidos llegó a retirar los visados a cinco de sus miembros por “permitir que las bandas haitianas, algunas designadas como organizaciones terroristas, continuaran desestabilizando Haití”, según el Departamento de Estado.
Con la salida del CPT, el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé queda como única figura al frente del Gobierno de transición, respaldado explícitamente por Washington, que ha llamado a apoyar su liderazgo para avanzar hacia “un Haití estable, próspero y libre”. Sin embargo, organizaciones locales y observadores internacionales advierten que su autoridad es frágil en un contexto donde no hay cargos nacionales electos desde hace tres años y donde grupos armados controlan amplias zonas del territorio, incluida parte de Puerto Príncipe.
Analistas consultados señalan que el país entra en una fase de “limbo político”: aunque no existe un vacío absoluto de poder gracias a la figura del primer ministro, la falta de un marco constitucional claro para la etapa posterior al CPT podría agravar la pugna entre actores políticos, élites económicas y líderes de bandas armadas.
