Una ola de manifestaciones y disturbios en Irán, que se expandió por todo el país desde fines de diciembre de 2025, ha dejado un saldo de al menos 2 571 personas fallecidas hasta este 14 de enero de 2026, según datos de la agencia de derechos humanos HRANA citados por medios internacionales. La represión estatal a las protestas, inicialmente motivadas por la crisis económica y la depreciación de la moneda, ha generado el episodio de mayor violencia interna en décadas.
Las protestas comenzaron en varias ciudades iraníes por el fuerte impacto de la inflación y la situación económica, y rápidamente evolucionaron hacia un movimiento más amplio de rechazo al gobierno de la República Islámica. La cifra de muertos incluye tanto manifestantes como fuerzas de seguridad, en medio de un blackout de internet que dificulta la verificación independiente de los hechos dentro del país.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado públicamente su apoyo a los manifestantes y afirmó que “la ayuda está en camino”, lo que ha intensificado las tensiones diplomáticas entre Washington y Teherán. Al mismo tiempo, Irán responsabiliza a “operativos terroristas” y potencias extranjeras por instigar el desorden, mientras continúa desplegando fuerzas para controlar las protestas.
Organizaciones de derechos humanos y gobiernos occidentales han condenado el uso de fuerza letal por parte de las autoridades iraníes, al tiempo que instan a facilitar el acceso a comunicaciones y a permitir investigaciones independientes sobre las violaciones de derechos.
