Organizaciones de pacientes y sociedades médicas denunciaron un desabastecimiento casi total de insulina en Perú, situación que pone en riesgo la vida de unos 20.000 peruanos con diabetes tipo 1, en su mayoría niños, adolescentes y jóvenes que dependen de este medicamento a diario para sobrevivir. El problema afecta no solo a hospitales del Ministerio de Salud (Minsa) y de EsSalud, sino también a farmacias privadas en diversas regiones del país.
Según la ONG Lucas – Una Misión de Vida y la Asociación de Diabetes Juvenil del Perú (ADJ), la insulina ha desaparecido de establecimientos en Cusco, Arequipa, Tacna, Huánuco, Loreto y Trujillo, así como de importantes hospitales de Lima como el Hospital del Niño de Breña, Dos de Mayo, Loayza y Rebagliati. La presidenta de Lucas, Mónica Portal, advirtió que se trata de “un problema muy serio”, pues “si falta la insulina, simplemente te mueres”.
Las organizaciones señalan que la crisis se agudizó desde diciembre de 2025, cuando Digemid ordenó inmovilizar e iniciar el retiro de la insulina Wosulin-N, de origen indio, al detectarse que el laboratorio no cumplía buenas prácticas de manufactura. Desde entonces, las compras directas de emergencia realizadas por el Estado han sido insuficientes para cubrir la demanda nacional.
Ante las denuncias, el Ministerio de Salud informó que ha activado la compra urgente de 47.000 unidades de insulina NPH y ha iniciado “gestiones regulatorias excepcionales” para permitir el ingreso de nuevos lotes y establecer relaciones de compra con otros laboratorios internacionales, bajo el marco de la Ley N.º 29459. Además, se anunció una compra corporativa centralizada a través de Cenares, en coordinación con EsSalud, para fortalecer el abastecimiento durante el 2026.
Sin embargo, representantes de pacientes que se reunieron con autoridades del Minsa el 6 de marzo señalaron que se les informó que “no existen proveedores a corto plazo” bajo los mecanismos actuales, lo que mantiene el desabastecimiento total en establecimientos públicos y en farmacias privadas de varias regiones.
Las asociaciones advierten que la falta de insulina puede desencadenar rápidamente cuadros de cetoacidosis diabética, una complicación grave que puede ser mortal en pocas horas si no se trata de forma adecuada. Por ello exigen declarar la situación como emergencia sanitaria específica, establecer contratos formales y transparentes de largo plazo con laboratorios de prestigio y abandonar la práctica de compras de “stock pequeño” que rompen la cadena de suministro.
“Sin insulina no podemos vivir, nuestros hijos se mueren”, resumieron padres de niños con diabetes tipo 1 en un comunicado que ha encendido las alarmas sobre una de las crisis de medicamentos más graves de los últimos años en el país.

