La jornada internacional del 25 de noviembre de 2025 estuvo marcada por una nueva oleada de bombardeos rusos sobre áreas residenciales y estratégicas de Kiev, capital de Ucrania. Los ataques dejaron al menos seis muertos y más de diez heridos, según fuentes oficiales ucranianas, y provocaron incendios, destrucción de viviendas e interrupciones masivas en el servicio eléctrico y de comunicaciones.
El alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, calificó la situación como “crítica” y pidió a la comunidad internacional aumentar la presión diplomática y humanitaria sobre Rusia, enfatizando la necesidad de corredores seguros para la evacuación de civiles y atención médica urgente.
El ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umerov, confirmó que los impactos alcanzaron también hospitales, colegios y estaciones de transporte, profundizando la crisis y el clima de temor en la población. En paralelo, fuerzas ucranianas respondieron con ataques sobre territorio ruso en la región de Belgorod, donde se reportaron tres muertos y una docena de heridos.
Mientras continúan los enfrentamientos, representantes de Estados Unidos, la Unión Europea y Ucrania reanudaron conversaciones en Ginebra, con la intención de diseñar un plan de paz que contemple la retirada progresiva de tropas, la reactivación de relaciones económicas y la reconstrucción del país. El borrador del acuerdo, impulsado por el presidente Volodimir Zelenski, incluye menos de 28 puntos críticos y ha sido bien recibido por mediadores internacionales, aunque aún enfrenta el rechazo del Kremlin.
La Organización de las Naciones Unidas, por intermedio de António Guterres, urgió a ambas partes a retomar el diálogo directo y criticó la exclusión de África en las negociaciones de alto nivel, destacando el impacto global de la guerra y la imperiosa necesidad de restaurar la seguridad y la estabilidad en Europa oriental.

