Irán ha extendido en los últimos días el radio de sus operaciones militares en Medio Oriente con ataques de misiles y drones contra infraestructuras estratégicas y posiciones vinculadas a aliados de Estados Unidos, en un contexto de fuerte presión militar por parte de Washington e Israel y de creciente aislamiento internacional. Pese a sus vínculos con Teherán, Rusia y China han optado por una postura de cautela, limitándose a condenas diplomáticas y llamados a la moderación, sin ofrecer apoyo militar directo al régimen iraní.
Escalada iraní bajo presión de EE.UU. e Israel
Las recientes operaciones de Irán se han dirigido contra bases militares, rutas clave para el comercio energético y otros objetivos en Siria, Irak y el Golfo, elevando el temor a una expansión del conflicto a toda la región. La ofensiva responde a los contundentes ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, que han degradado capacidades militares y dejado a la cúpula del régimen bajo una presión sin precedentes.
Analistas señalan que Teherán busca demostrar que conserva capacidad de respuesta y de proyección regional, recurriendo tanto a acciones directas como al empleo de milicias aliadas en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Sin embargo, la intensificación de sus ataques se produce en un contexto en el que su tradicional red de apoyos internacionales se muestra mucho más prudente.
Rusia y China marcan distancia
Moscú y Pekín han condenado públicamente los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán y han pedido evitar una mayor escalada, pero hasta ahora su respaldo se ha limitado a gestos diplomáticos y declaraciones en foros como el Consejo de Seguridad de la ONU. De acuerdo con expertos citados por medios internacionales, ambas potencias hacen un cálculo frío: entrar en una confrontación abierta con Washington por Teherán implicaría altos costos, riesgos impredecibles y beneficios estratégicos limitados.
En el caso de Rusia, gran parte de su capacidad militar y diplomática sigue concentrada en la guerra de Ucrania, por lo que el Kremlin prioriza evitar un choque directo con Estados Unidos y proteger sus propios intereses en Medio Oriente. China, por su parte, mantiene importantes lazos energéticos y comerciales con Irán, pero prefiere reforzar su rol como mediador y preservar la estabilidad necesaria para sus negocios globales, antes que comprometerse en una guerra regional.
Irán, útil pero no “defendible” para sus socios
El resultado, apuntan los analistas, es una paradoja: Irán sigue siendo estratégicamente útil para Rusia y China como contrapeso a la influencia estadounidense, pero no lo suficiente como para que se arriesguen a “pelear por él” en el terreno militar. Mientras Teherán intensifica sus ataques para mostrar fuerza, su margen real de maniobra se reduce al enfrentarse prácticamente solo a la presión combinada de Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales.
La crisis también ha abierto un espacio para que Moscú y Pekín intenten reposicionarse como mediadores, manteniendo contactos con gobiernos europeos, árabes e iraníes para impulsar el diálogo y contener la escalada. No obstante, por ahora, el conflicto continúa extendiéndose y consolidando la imagen de un Irán cada vez más bajo asedio y con aliados renuentes a ir más allá de las palabras.

