El Gobierno de Bolivia prepara un megaproyecto de integración energética e hídrica con Chile como punta de lanza de una nueva etapa de “deshielo” diplomático, tras años de relaciones marcadas por el litigio marítimo y las disputas por recursos compartidos. La iniciativa, que combina gestión de aguas transfronterizas en cuencas altoandinas y proyectos de interconexión energética, se presenta como un paso estratégico para dejar atrás el clima de confrontación y avanzar hacia una agenda común de desarrollo.
El presidente boliviano, Rodrigo Paz, confirmó que viajará a Santiago para asistir a la ceremonia de cambio de mando del nuevo mandatario chileno, José Antonio Kast, en un gesto que La Paz y Santiago leen como la señal más clara de acercamiento en más de una década. Ambos líderes sostuvieron una reunión virtual en la que acordaron fortalecer el vínculo comercial, atender la situación de más de 300.000 bolivianos que viven en Chile e impulsar proyectos energéticos y de infraestructura de alcance regional.
Kast, por su parte, ratificó públicamente su voluntad de reanudar relaciones diplomáticas plenas con Bolivia, interrumpidas desde 1978, y presentó la asistencia de Paz al cambio de mando como “prueba concreta” del deshielo. El desafío, según admiten fuentes diplomáticas citadas por la prensa chilena, será manejar las expectativas en torno a la histórica demanda marítima boliviana mientras se construye una agenda práctica centrada en integración económica.
En el plano técnico, los dos países avanzan en un proyecto binacional valorado en unos 5,3 millones de dólares para la gestión sostenible de aguas transfronterizas en las cuencas altoandinas que comparten, iniciativa apoyada por organismos internacionales. El plan contempla elaborar herramientas científicas y modelos conjuntos para administrar ríos y acuíferos compartidos, en línea con la experiencia acumulada en el caso del Silala ante la Corte Internacional de Justicia.
Paralelamente, los gobiernos exploran proyectos de interconexión energética y de infraestructura que permitan articular el potencial gasífero y de litio boliviano con la red eléctrica y portuaria chilena, en el marco de una estrategia más amplia de integración sudamericana. La apuesta, según explicó Paz, es pasar “de la lógica del conflicto a la lógica de los proyectos compartidos”, con énfasis en energías limpias, transporte y facilitación del comercio.
Tras la sentencia de la CIJ sobre el Silala, Bolivia busca replicar el uso de estudios científicos independientes para encarar al menos 17 problemas de aguas transfronterizas pendientes con Chile, como los vinculados al río Lauca y otras cuencas altiplánicas. Voceros bolivianos destacan que la evidencia técnica permitió rebajar la tensión en el caso Silala y podría convertirse en la base de una política de “hidrodiplomacia” que reemplace la confrontación judicial por acuerdos de gestión compartida.
En este contexto, el nuevo proyecto binacional se presenta como laboratorio de cooperación para monitorear caudales, impactos del cambio climático en glaciares y bofedales, y necesidades de comunidades a ambos lados de la frontera. La meta declarada es garantizar el uso sostenible del agua en una región particularmente vulnerable a la crisis hídrica, al tiempo que se genera confianza política entre La Paz y Santiago.
Analistas consultados por medios chilenos y bolivianos subrayan que el megaproyecto de aguas y energía puede convertirse en la “columna vertebral” del deshielo, siempre que ambas partes logren blindarlo de las agendas internas y de los vaivenes del debate sobre la salida al mar. También advierten que será clave transparentar beneficios concretos para la población —tarifas eléctricas, empleo, acceso al agua— para evitar que el acercamiento se perciba solo como un gesto simbólico.
De prosperar, la nueva arquitectura de cooperación podría reconfigurar la relación entre Bolivia y Chile, históricamente marcada por la Guerra del Pacífico, y abrir la puerta a una mayor articulación económica con el resto del Cono Sur en materia de energía, litio y corredores bioceánicos.

