China consolida su presencia económica y política en Panamá mientras convierte al Perú en un punto crítico de la competencia estratégica con Estados Unidos, en un escenario donde Lima se perfila como una línea roja para los intereses de ambas potencias.
En Panamá, Beijing ha incrementado su influencia a través del control o participación en puertos, zonas logísticas y sectores estratégicos vinculados al Canal, lo que ha encendido alarmas en Washington sobre la seguridad de una ruta clave para el comercio global. China superó a Estados Unidos como principal socio comercial de Panamá y ha respaldado públicamente la soberanía panameña sobre el Canal, en medio de tensiones por declaraciones de la Casa Blanca que cuestionan tarifas y gestión de la vía interoceánica.
En paralelo, el Perú se ha convertido en eje de la disputa geopolítica en Sudamérica: China opera el megapuerto de Chancay, su primer gran hub logístico en el Pacífico latinoamericano, mientras Estados Unidos impulsa una millonaria modernización de la Base Naval del Callao. Ambos proyectos colocan al litoral peruano en el centro de la pugna por el control de rutas marítimas, infraestructura crítica y cadenas de suministro hacia y desde Asia.
Analistas consultados por centros de estudio y medios especializados sostienen que, a diferencia de Panamá —donde la influencia china se ha profundizado sobre infraestructura ya existente—, en el caso peruano Washington estaría dispuesto a marcar límites más firmes, dado el peso estratégico combinado de Chancay, el Callao y el corredor logístico proyectado con Brasil. En este contexto, Perú pasa de ser un actor periférico a convertirse en una pieza central del tablero regional, donde cualquier movimiento sobre puertos, bases o corredores ferroviarios es observado como un posible cambio de balance de poder.
Los informes coinciden en que el principal reto para el Estado peruano será mantener un equilibrio entre las inversiones chinas y la cooperación en defensa con Estados Unidos, sin comprometer su soberanía ni quedar atrapado en una lógica de alineamientos excluyentes. Para los expertos, decisiones sobre concesiones portuarias, acuerdos militares o participación en iniciativas como la Franja y la Ruta tendrán efectos que trascienden lo económico y definirán el lugar del Perú en la nueva geopolítica del Pacífico.

