China cerró 2025 con un superávit comercial histórico cercano a 1,2 billones de dólares, el mayor registrado por el país, pese al endurecimiento de los aranceles impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump. El excedente aumentó alrededor de 20% frente a 2024, sostenido por un fuerte avance de las exportaciones hacia Asia, África, América Latina y Europa, que compensó la caída del comercio bilateral con Estados Unidos.
La Administración General de Aduanas de China informó que el superávit comercial de 2025 alcanzó 1,189 billones de dólares, con exportaciones por unos 3,77 billones e importaciones en torno a 2,58 billones. A lo largo del año, siete meses superaron los 100.000 millones de dólares de excedente mensual, impulsados por un yuan más débil y por el auge de sectores como autos eléctricos, baterías y productos ligados a energías renovables.
Los datos confirman que el comercio exterior sigue siendo uno de los pilares del crecimiento chino, en un contexto de desaceleración interna del consumo y de tensiones inmobiliarias. El resultado refuerza además la posición de China como “fábrica del mundo”, pese a los intentos de relocalización y diversificación de cadenas productivas impulsados desde Occidente.
El golpe de los aranceles se sintió con fuerza en el canal bilateral con Washington: las exportaciones chinas a Estados Unidos cayeron alrededor de 20% en 2025 y las importaciones de bienes estadounidenses retrocedieron cerca de 15%. Como consecuencia, la cuota de EE. UU. en las ventas externas de China bajó a cerca del 11% del total, frente al 14,5% del año previo.
Para compensar, las empresas chinas redirigieron producción hacia otros destinos, con especial protagonismo de Asia emergente, América Latina, África y la Unión Europea. El crecimiento de las exportaciones de vehículos eléctricos, paneles solares y equipamiento industrial a estos mercados fue clave para sostener el superávit global.
Pese al impacto directo de los aranceles estadounidenses en el comercio bilateral, el balance de 2025 muestra que la ofensiva de Trump no logró frenar el avance global de las exportaciones chinas. Economistas citados por medios internacionales señalan que la amplitud de la red comercial de China y su competitividad en manufacturas de medio y alto valor permitieron amortiguar el golpe.
Sin embargo, advierten que la presión podría extenderse: países como México y miembros de la Unión Europea estudian o han iniciado investigaciones sobre subsidios y dumping en sectores como automoción eléctrica y tecnologías verdes, lo que podría traducirse en nuevos aranceles o restricciones. En paralelo, Estados Unidos mantiene sobre la mesa la posibilidad de ampliar las listas de productos gravados si persisten los desequilibrios.
Proyecciones de bancos y consultoras apuntan a que las exportaciones chinas podrían crecer en torno al 3% en 2026, por debajo del 5,5% estimado para 2025, en un entorno de menor demanda global y mayor escrutinio regulatorio. Aun así, el superávit se mantendría por encima del billón de dólares si las importaciones continúan contenidas por la debilidad del consumo interno y la lenta recuperación de la inversión.
El desafío para Pekín será reducir la dependencia del modelo exportador sin erosionar su peso en el comercio mundial, mientras gestiona las tensiones con Washington y otros socios comerciales. Para muchos analistas, el récord de 2025 es a la vez una muestra de fortaleza y una señal de los desequilibrios estructurales que seguirán alimentando fricciones geopolíticas en los próximos años.
