Exactamente a las 2:00 a. m. de este domingo, me despertó un ruido extraño, parecido a un rastrillar de ollas y platos que venían de la cocina. Esto me hizo levantarme y, en consecuencia, me dirigí hacia el espacio de donde provenían los singulares sonidos. Para mi mayor sorpresa, encontré a un sujeto muy parecido a mí, sentado en la sala, comiendo pasta con carne y bebiendo cervezas que estaban resguardadas en el refrigerador, así como alimentos y bebidas sobrantes dejados por familiares que me habían visitado alegremente el día anterior.
El sujeto en cuestión me observó de soslayo y, como si mi presencia no existiera, me señaló con el dedo índice que me sentara en el amplio sofá gris, estrictamente colocado al lado izquierdo, cercano a la ventana principal del apartamento.
Todavía con restos de comida dentro de su boca, me dijo:
—Hola, ¿cómo estás? Vine lo más rápido posible. Estaba en eso que ustedes llaman meditaciones o reflexiones, lo cual considero una total pérdida de tiempo. Pero bueno, así son ustedes. No me quejo, es la parte de ti que me corresponde administrar y, para desmejora de mis talentos, pues debo conformarme.
Ante este comentario tan fantasmático y, de verdad, fuera de toda realidad, no me quedó otra que sentarme a escuchar.
En mi cabeza resonaban y transitaban muchas y miles de cosas e interrogantes, pero la más importante, o la más inmediata, era saber quién demonios era esta persona exactamente parecida a mí y por qué hablaba de los dos como si fuéramos una sola persona, y cómo era esto de las reflexiones humanas.
Entonces, todavía en shock, le pregunté:
—¿Quién eres tú y qué haces acá?
El sujeto movió la cabeza de izquierda a derecha, asintiendo de manera dubitativa y viceversa, y con una sonrisa burlesca me dijo:
—Caramba, mi querido amigo, de verdad no creo que no me reconozcas. Mira este perfil, casi griego; observa esta nariz. De verdad que es una perfección. Soy tú —jajajajajaja—, y vine porque me llamaste, me pediste venir para conversar sobre todas estas cosas que están pasando acá en Venezuela y las incertidumbres que todos estos cambios te producen y te atormentan.
—Ahora, si quieres mi opinión rápida y nos ahorramos tanta saliva y tiempo, esto es más de lo mismo. El pueblo va a mejorar algo, es lógico, pero a la larga, y como siempre… recuerda que la cabuya se revienta siempre por la parte más débil y angosta, y este mismo pueblo es la cabuya.
Todavía sin entender y envuelto en mi gruesa cobija, me acomodé en el mueble gris y le pregunté:
—¿Entonces qué me quieres decir?
—Bueno, hermano, es muy fácil. Lo que ocurrió el 3 de enero con el bombardeo a Caracas y el secuestro de la pareja presidencial es, sencillamente, una invasión silenciosa, pero a grandes gritos, porque todo el mundo ve lo que está pasando y mira para un lado.
Al gobierno encargado no le queda otra que aceptar, en la mayoría de los casos, las exigencias que el invasor propone. Como dicen en mi tierra, aceptar “tragando arena” y, bajo la tensión de la espera, lograr conquistar un espacio que le permita reorganizar las fuerzas y avanzar hacia una iniciativa de ofensiva que logre nivelar y equilibrar las tensiones internas.
Por otro lado, el agresor está lentamente colocando sus cuadros en sectores importantes de la vida económica, política y social del país. Recuerda que lo primero que hacen es reclutar sujetos para luego ubicarlos en puestos sensibles de la administración pública, sectores energéticos y fuerzas armadas; es decir, en todos los poderes del Estado, buscando finalmente el secuestro y control total del mismo Estado venezolano.
—Con toda seguridad, a lo largo de este tránsito político se van a dar algunas resistencias: unas a lo interno de los movimientos más chavistas del llamado poder popular e, inclusive, hasta en los sectores militares. Algunos con la intención de seguir el legado de Chávez —muy pocos, por cierto— y otros para negociar su estabilidad económica, buscando como vía de chantaje a los sectores en pugna, organizando eventos donde se produzcan desórdenes y disturbios callejeros si no cumplen con sus negociaciones. Es obvio: tienen el poder de las armas y no piensan quedarse fuera del negocio.
—En consecuencia, la cabuya revienta por lo más angosto y débil, y allí aparece el pueblo, al que nunca le permiten tener cartas en este enredado, pero entrópico, juego de naipes.
—Así que, mi querido y apreciado amigo, no se preocupe tanto. Trate de dormir más, comer y beber lo que pueda o lo que le alcance con su desmerecido sueldo, porque, como decía mi padre: “el pueblo no tumba gobierno”.
—Y, finalmente, no me esté llamando para estas tan mínimas e irrisorias tonterías. Los eventos están claritos y ya sabemos para dónde van: “si no nos agarra el chingo, nos agarra el sin nariz”.
—Claro que… siempre hay una solución, y esta siempre es extrema y muy dolorosa para todos, como, por ejemplo, “una guerra a muerte de resistencia”.
El sonido del despertador marcó las 5:00 a. m. Me desperté agitado y muy sudoroso. Entonces, como catapultado por una energía felina, corrí hacia la sala y la cocina esperando encontrar a mi alter ego comiendo y bebiendo, pero allí no había nadie; solo el ruido de las golondrinas que irrumpía por la inmensa ventana.

