La economía peruana enfrenta en marzo un escenario de alta presión inflacionaria por la combinación de desabastecimiento de gas natural, encarecimiento del petróleo y subida del tipo de cambio, según el Instituto Peruano de Economía (IPE). El análisis, difundido esta semana, alerta que la “tormenta perfecta” de factores energéticos y cambiarios impactará directamente en el costo de vida de los hogares y en los costos operativos de transporte e industria.
Tres factores que encarecen el costo de vida
De acuerdo con el economista Víctor Fuentes, del IPE, el primer factor es la interrupción en el suministro de gas natural, que ya afecta a transportistas y sectores industriales que dependen de este insumo para producir o movilizar mercancías. El segundo elemento es el aumento del precio internacional del petróleo, que pasó de 60 a 80 dólares por barril, encareciendo combustibles como diésel y gasolinas; el tercero es la depreciación del sol frente al dólar, que eleva el costo de los productos importados.
Fuentes sostuvo que la convergencia de estas variables “sin duda va a pegar a la inflación”, al trasladarse a tarifas de transporte, precios de alimentos y servicios, y a la estructura de costos de empresas que operan con márgenes ajustados. El gas natural, recordó, representa alrededor del 3% del PBI y genera el 40% de la energía eléctrica del país, por lo que cualquier disrupción en su oferta tiene efectos de arrastre sobre toda la economía.
Sectores y ciudadanos más afectados
Largas colas de vehículos en grifos de Lima con trabajadores dirigiendo el tráfico nocturno
Los primeros impactados son los transportistas de carga y pasajeros que utilizan gas natural vehicular (GNV), quienes ya enfrentan colas y restricciones en estaciones de servicio, así como encarecimiento de combustibles alternativos. A esto se suman las industrias intensivas en energía —como manufactura, construcción y agroexportación— que verán incrementarse sus costos logísticos y de producción.
Finalmente, el efecto se trasladará al ciudadano de a pie mediante mayores precios en mercados minoristas, servicios básicos y transporte urbano, en un contexto de recuperación económica todavía frágil. El IPE remarcó la necesidad de respuestas de política pública coordinadas para evitar que estos choques temporales se traduzcan en una inflación persistentemente alta.

