Una interrupción en el principal gasoducto del Perú ha generado una crisis energética que afecta a empresas, industrias y servicios en distintas regiones del país, en lo que especialistas consideran el mayor problema energético registrado en las últimas dos décadas.
La falla se produjo en el ducto operado por Transportadora de Gas del Perú, infraestructura clave que abastece cerca de la mitad de la electricidad nacional y gran parte del gas licuado utilizado por millones de hogares y vehículos. La interrupción ha provocado racionamientos de gas, incremento en los costos de energía y preocupación en sectores productivos.
Ante la situación, el gobierno dispuso medidas de emergencia como la promoción del teletrabajo y la educación virtual en algunas zonas, con el objetivo de reducir el consumo energético mientras se realizan las labores de reparación del sistema. Estas decisiones han generado críticas de gremios empresariales, que advierten sobre el impacto económico de una eventual paralización parcial de actividades.
Diversas compañías reportaron interrupciones en su producción debido a la escasez de gas, mientras que autoridades del sector energético estiman que las reparaciones podrían extenderse hasta mediados de marzo. El episodio ha reavivado el debate sobre la vulnerabilidad energética del país y la necesidad de diversificar sus fuentes de suministro.

