Su pequeño tamaño y su piel de terciopelo pueden llevarnos a confusión sobre sus propiedades nutricionales, pues esta fruta encierra en sí misma potentes beneficios para la salud. Más allá de su sabor dulce con un ligero toque ácido, el albaricoque cuenta con un interesante perfil nutricional.
Esta fruta de color anaranjado cuenta con un aporte energético bajo en comparación con otras, explican desde la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Ello la convierte en una opción idónea para quienes buscan cuidar su alimentación sin renunciar al placer.
Uno de los rasgos más destacados del albaricoque es su elevado contenido en agua. Esta característica explica en buena medida su bajo valor calórico, ya que su aporte de hidratos de carbono es modesto. Para aquellas personas preocupadas por controlar su peso y mantenerlo en unos parámetros saludables, el albaricoque se presenta como un aliado interesante: sacia, hidrata y aporta nutrientes esenciales sin sumar un exceso de calorías a la dieta diaria.
Albaricoques (Freepik)
No obstante, si hay un componente que define su perfil nutricional es su riqueza en beta-carotenos. Estos pigmentos naturales, responsables de su característico color anaranjado, son precursores de la vitamina A. El organismo transforma el beta-caroteno en vitamina A según sus necesidades, lo que supone una ventaja frente a otras fuentes directas de esta vitamina, ya que evita un consumo excesivo. La vitamina A es fundamental para la salud visual, el mantenimiento de la piel y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Así, incluir albaricoques en la dieta puede contribuir a proteger la vista y a reforzar las defensas, especialmente en etapas de mayor vulnerabilidad.
El albaricoque es fuente de vitamina C y potasio
En el apartado de micronutrientes, el albaricoque también ofrece cantidades apreciables de potasio y vitamina C. El potasio es un mineral clave para el equilibrio de líquidos en el organismo y para el buen funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Una ingesta adecuada se asocia con el mantenimiento de una presión arterial normal, un aspecto crucial en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Por su parte, la vitamina C es conocida por su papel antioxidante y por su contribución a la formación de colágeno, esencial para la piel, los vasos sanguíneos y los tejidos conectivos. Además, favorece la absorción del hierro presente en otros alimentos de origen vegetal.El doctor López Rosetta nos explica cuáles son las mejore frutas para combatir la inflamación
Otro aspecto interesante de su composición es la presencia de ácidos orgánicos, como el ácido málico y el ácido cítrico. Estas sustancias no solo influyen en el sabor ligeramente ácido de la fruta, sino que también participan en procesos metabólicos y pueden estimular la secreción de jugos digestivos, facilitando la digestión. Cabe señalar que, a medida que el albaricoque madura, la cantidad de estos ácidos disminuye, lo que explica que los ejemplares más maduros resulten más dulces y suaves al paladar.
El albaricoque también contiene pequeñas cantidades de flavonoides, entre ellos la quercetina, un compuesto con potencial acción antioxidante. Los antioxidantes ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas inestables que pueden dañar las células y contribuir al envejecimiento y al desarrollo de diversas enfermedades crónicas.

