El Gobierno de Cuba rechazó lo que calificó como “injustificadas, hostiles e inamistosas acciones” del Ejecutivo de Ecuador, que declaró persona non grata a todo el personal diplomático, consular y administrativo de la Embajada cubana en Quito y le otorgó un plazo de 48 horas para abandonar el país. La medida, mediante una nota verbal de la Cancillería ecuatoriana, provocó una enérgica respuesta de La Habana y abrió una nueva crisis bilateral.
La decisión de Ecuador
El Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador notificó a Cuba que su embajador, Basilio Antonio Gutiérrez García, y el resto de la misión diplomática eran declarados persona non grata, sin detallar públicamente las razones específicas de la decisión. Según el comunicado cubano, la expulsión se dispuso “sin aportar argumento alguno” y con la exigencia de abandonar el territorio ecuatoriano en un plazo de 48 horas.
Respuesta de La Habana
El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó en la red social X que rechaza las “injustificadas, hostiles e inamistosas acciones del Gobierno del Ecuador” hacia la representación diplomática cubana, al considerar que se trata de una acción “sin precedente” que “daña las históricas relaciones de amistad y cooperación entre nuestros pueblos”. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba sostuvo, en un comunicado, que la legación en Quito ha cumplido “estrictamente” con las leyes ecuatorianas y la Convención de Viena, “sin inmiscuirse en los asuntos internos” del país andino.
La Cancillería cubana calificó la decisión de Quito como un “acto inamistoso y sin precedentes” y denunció que evidencia “el desprecio del actual gobierno de Ecuador por las prácticas y cortesías diplomáticas observadas por la comunidad internacional”. Díaz-Canel, por su parte, enmarcó lo ocurrido en una “política de clara sumisión a intereses imperiales”, al tiempo que afirmó que el pueblo ecuatoriano “podrá contar siempre con el cariño y apoyo de Cuba”.
Impacto en la relación bilateral
La expulsión de la misión diplomática cubana y la dura respuesta de La Habana tensan de forma significativa los vínculos entre ambos países, tradicionalmente marcados por programas de cooperación en salud, educación y otras áreas sociales. Analistas advierten que la medida podría derivar en la reducción o cancelación de convenios bilaterales y en un enfriamiento prolongado de las relaciones políticas, mientras no se aclare el trasfondo de la decisión del Gobierno de Daniel Noboa.

