Científicos identificaron una nueva especie de cocodrilo que habitó las aguas del Mediterráneo hace aproximadamente 45 millones de años. Sus restos fueron encontrados en la misma formación rocosa utilizada para esculpir la Gran Esfinge de Guiza.
Un equipo internacional de paleontólogos identificó una nueva especie de cocodrilo extinto en Egipto, a partir del análisis de fósiles encontrados hace casi un siglo en las proximidades de El Cairo. El descubrimiento establece una sorprendente relación geológica entre un animal prehistórico y uno de los monumentos más emblemáticos de la civilización egipcia.
La especie, denominada Herugavialis cairensis, habitó la región hace aproximadamente 45 millones de años, cuando gran parte del territorio que actualmente ocupa el norte de Egipto estaba cubierto por aguas marinas poco profundas.
Los resultados de la investigación, publicados el 7 de octubre de 2026 en la revista científica Royal Society Open Science, revelan que los restos pertenecen a un grupo de cocodrilos conocido como gaviales, caracterizados por sus hocicos largos y estrechos, adaptados principalmente a la captura de peces.
El trabajo fue desarrollado por especialistas de instituciones científicas de Suecia, Reino Unido, Alemania y Egipto, quienes utilizaron modernas tecnologías de exploración para revisar fósiles que habían sido clasificados incorrectamente durante décadas.
UN FÓSIL QUE PERMANECIÓ MAL CLASIFICADO DURANTE UN SIGLO
Los restos fueron recuperados durante la década de 1920 en la Formación Mokattam, una extensa unidad geológica de piedra caliza situada en las cercanías de la capital egipcia.
Entre los ejemplares estudiados destaca un cráneo casi completo, descrito científicamente en 1927 y atribuido entonces al género Tomistoma, al que pertenece el falso gavial que actualmente habita en el sudeste asiático.
Sin embargo, las nuevas investigaciones demostraron que aquella clasificación no reflejaba correctamente las características anatómicas ni las relaciones evolutivas del ejemplar.
Mediante tomografías computarizadas, los especialistas pudieron examinar las estructuras internas del cráneo sin dañarlo y determinaron diferencias importantes respecto de las especies conocidas.
Una de las características más relevantes fue la presencia de una cresta ósea elevada alrededor de los ojos, además de particularidades en la configuración del cráneo.
Estas evidencias permitieron establecer una clasificación taxonómica diferente e identificar un nuevo género de cocodrilianos prehistóricos.
LA CURIOSA COINCIDENCIA CON LA GRAN ESFINGE
Uno de los aspectos más llamativos del descubrimiento es que el fósil procede de la misma formación geológica donde fue esculpida la Gran Esfinge de Guiza, hace aproximadamente 4.500 años.
Además, el cráneo conserva una particularidad que recuerda al célebre monumento egipcio: le falta el extremo del hocico, mientras que la escultura también perdió la punta de su nariz.
Esta coincidencia inspiró a los investigadores para bautizar al animal como Herugavialis cairensis, en homenaje a Heru, nombre egipcio del dios Horus, una divinidad asociada con la realeza y la protección.
El paleontólogo Philip Mannion, del University College de Londres, explicó que esa semejanza fue determinante para elegir el nombre científico.
No obstante, los investigadores aclaran que la relación entre ambos descubrimientos es geológica y simbólica, pues el cocodrilo vivió millones de años antes de que surgiera la civilización egipcia.
UN MEDITERRÁNEO HABITADO POR COCODRILOS
Hace 45 millones de años, durante el Eoceno, el paisaje del norte de África era muy diferente del actual.
Extensas áreas que hoy forman parte de Egipto permanecían sumergidas bajo mares poco profundos, donde habitaban numerosas especies de animales marinos, incluidos diferentes cocodrilos.
Los científicos determinaron que Herugavialis cairensis compartía estos ecosistemas con al menos otras dos especies de gaviales.
Estos reptiles poseían hocicos estrechos y alargados que facilitaban la captura de peces, su principal fuente de alimentación.
El registro fósil demuestra que los gaviales tuvieron una distribución mucho más amplia que la actual, con presencia en África, Europa, Asia y América.
Los cambios climáticos y las variaciones del nivel del mar modificaron progresivamente sus hábitats, reduciendo la diversidad de estos reptiles en la región mediterránea.
Hace aproximadamente seis millones de años, una importante crisis ambiental relacionada con la desecación parcial del Mediterráneo contribuyó a la desaparición de sus poblaciones de cocodrilos.
UN DESCUBRIMIENTO QUE REESCRIBE LA HISTORIA EVOLUTIVA
La investigación, encabezada por Paul Burke, del Museo Sueco de Historia Natural, aporta información sobre la evolución y distribución geográfica de los gaviales durante millones de años.
Actualmente sobreviven dos representantes de este linaje: el gavial del Ganges y el falso gavial, ambos amenazados por la pérdida de sus hábitats y otras actividades humanas.
El estudio de sus parientes extintos permitirá comprender mejor cómo respondieron estos animales a las transformaciones ambientales del pasado.
Los científicos también consideran que nuevas investigaciones en la Formación Mokattam podrían aportar evidencias adicionales sobre los antiguos ecosistemas del norte de África.
De esta manera, las mismas rocas que dieron forma a uno de los monumentos más reconocidos del mundo continúan revelando capítulos desconocidos de la historia natural del planeta.

