Un estudio en la revista Environmental Science & Technology de la Sociedad Química Americana confirma la presencia de compuestos químicos de larga cadena media (LCM) originados en desechos electrónicos en tejidos de delfines jorobados indo-pacíficos y marsopas sin aleta del mar de China Meridional. Estas sustancias, empleadas como plastificantes y retardantes de llama en pantallas de televisores, computadoras y dispositivos móviles, se acumulan en grasa, músculo, hígado, riñón y, de manera alarmante, en el cerebro de estos cetáceos en peligro crítico de extinción.
Metodología y hallazgos científicos
Investigadores de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong analizaron 62 tipos de LCM en muestras biológicas recolectadas durante 14 años (2011-2024), detectando concentraciones significativamente elevadas en cerebro que indican su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica. Ensayos in vitro realizados con células de delfín demostraron efectos tóxicos directos, incluyendo daño al ADN, detención del ciclo celular y generación de estrés oxidativo, lo que podría derivar en trastornos neurológicos y mayor riesgo cancerígeno. Aunque los LCM reemplazaron a sustancias más tóxicas como los PBDEs, regulados internacionalmente, su persistencia ambiental plantea nuevos desafíos regulatorios.
Impacto en la cadena alimentaria
La bioacumulación ya se evidencia en peces e invertebrados de la región, integrando estos contaminantes en la dieta de cetáceos y potencialmente en pescados consumidos por humanos, según advierten los autores. “Nuestra investigación demuestra que los LCM de electrónicos cotidianos no solo contaminan, sino que alteran genes en el cerebro de mamíferos marinos en peligro”, declara Yuhe He, autor principal del estudio. Expertos llaman a fortalecer la gestión global de e-waste, cuya producción supera los 60 millones de toneladas anuales, para mitigar esta amenaza emergente a la biodiversidad marina.
Contexto ambiental global
Este hallazgo se suma a evidencias previas de contaminantes persistentes en el Mar de Alborán y otras cuencas, subrayando la crisis de desechos electrónicos como la forma de contaminación de mayor crecimiento mundial. Las autoridades ambientales asiáticas y organismos como la Convención de Estocolmo evalúan ahora incluir los LCM en listados de sustancias controladas, ante su rápida dispersión desde vertederos ilegales hacia ecosistemas oceánicos.

