Las fuerzas militares de Estados Unidos lograron rescatar a los tripulantes de un caza F-15 derribado en territorio iraní, en una operación considerada de alto riesgo que evidenció que las defensas aéreas de Irán continúan activas y operativas.
El incidente se produjo tras el derribo de la aeronave en el suroeste de Irán, en una zona montañosa bajo control de la Guardia Revolucionaria. Ambos tripulantes lograron eyectarse, pero quedaron atrapados en territorio hostil, lo que obligó a Washington a desplegar un amplio operativo de búsqueda y rescate.
Según fuentes estadounidenses, la misión incluyó helicópteros, fuerzas especiales y maniobras de distracción coordinadas por la CIA para evitar la detección iraní. Uno de los pilotos permaneció oculto durante horas en una zona montañosa antes de ser localizado y evacuado.
Durante la operación se registraron enfrentamientos armados y pérdidas materiales. Irán afirmó haber derribado aeronaves adicionales y atacados helicópteros de rescate, lo que refuerza la evidencia de que su sistema de defensa antiaérea no ha sido neutralizado pese a los ataques previos de Estados Unidos.
El presidente estadounidense calificó la operación como una de las más complejas de la historia reciente, mientras que Teherán sostiene que logró frustrar parcialmente el rescate y mantiene el control militar en la zona.
El episodio ocurre en medio de una escalada bélica iniciada a finales de febrero, y marca un punto de inflexión al demostrar que Irán aún conserva capacidad para derribar aeronaves estadounidenses y resistir operaciones en su propio territorio.
El rescate de los pilotos representa un éxito táctico para Estados Unidos, pero al mismo tiempo deja en evidencia que las defensas iraníes siguen siendo un factor determinante en el conflicto.

