El diagnóstico precoz y el acceso oportuno al tratamiento son factores decisivos para mejorar la supervivencia del cáncer infantil, una de las principales causas de muerte entre niños y adolescentes en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que, mientras en países de ingresos altos más del 80% de los menores con cáncer puede curarse, en muchos países de ingresos medios y bajos las tasas de supervivencia oscilan solo entre el 15% y el 45%, principalmente por diagnósticos tardíos, retrasos en el inicio de la atención y dificultades para acceder a terapias especializadas.
Según la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), detectar el cáncer en fases tempranas aumenta la probabilidad de que responda a tratamientos eficaces, reduce el sufrimiento y, en muchos casos, permite terapias menos agresivas y menos costosas. Para ello, insisten en tres pilares: que familias y personal de salud de primer nivel reconozcan signos y síntomas de alarma (moretones inexplicables, dolor persistente, fiebre prolongada, masas o bultos, pérdida de peso, entre otros); que los servicios sanitarios realicen una evaluación diagnóstica precisa y oportuna; y que el tratamiento se inicie sin demoras.
En América Latina y el Caribe, la OPS estima que cada año se diagnostican alrededor de 30.000 casos de cáncer en niños y adolescentes y ha lanzado una nueva guía interactiva para mejorar la detección temprana y las tasas de supervivencia en la región. Esta herramienta, desarrollada junto a St. Jude Children’s Research Hospital, sociedades de oncología pediátrica y más de 130 expertos regionales, ofrece criterios prácticos para que los equipos de salud identifiquen y clasifiquen los síntomas en distintos niveles de urgencia, con el fin de acortar los tiempos de diagnóstico y derivación.
En el marco de la Iniciativa Global contra el Cáncer Infantil, la OPS y la OMS trabajan con gobiernos, hospitales y organizaciones de padres para elevar la tasa mundial de supervivencia al menos al 60% para 2030, objetivo que implicaría salvar cerca de un millón de vidas de niños y adolescentes. Las agencias internacionales subrayan que lograrlo requiere no solo más campañas de sensibilización sobre diagnóstico precoz, sino también fortalecer los sistemas sanitarios, ampliar el acceso a medicamentos oncológicos pediátricos y reducir las brechas entre países de distintos niveles de ingresos.
