El primer fratricidio, es decir, la muerte entre hermanos, aparece en la Biblia, en el Génesis 4:8, con la pelea entre Caín y Abel. Parece que las Sagradas Escrituras, en las primeras de cambio, nos introducen, de una, en el origen de la violencia, la envidia y el conflicto humano, sin sonrojo, sin anestesia ni aviso. Claro, esto desde la mirada judío-cristiana.
…” matarnos entre hermanos” …
En consecuencia, el asesinato de Abel por su hermano Caín, a causa de la envidia, es el inicio de la lucha, el desorden y la ruptura entre humanos; es decir, el inicio de la guerra y la desaparición de la paz.
Y parece que este histórico conflicto empezó por la competencia o las diferencias en los sacrificios que estos hermanos ofrecieron a Dios.
Si la pelea entre hermanos, hipotéticamente, desde las Sagradas Escrituras, fue la competencia,
el extraordinario biólogo chileno Humberto Maturana nos dice, sobre la competencia, que los sistemas biológicos son autopoiéticos; en consecuencia, se producen a sí mismos y, si llegan a destruirse, rompen la unidad ecológica organismo/nicho.
Para Maturana, la vida es una red cerrada de producciones moleculares, así como la destrucción mutua que implica la ruptura de esta dinámica y la muerte, que va a tener como resultado el fin de la convivencia y la colaboración: la destrucción mutua como lo opuesto a la organización biológica y social, y la búsqueda de la conservación en la organización y la convivencia.
Maturana propone la cooperación y la co-deriva sobre la competencia, y considera a la guerra una construcción cultural patriarcal centrada en la dominación, la competencia y la negación del otro diferente u otro legítimo.
Maturana plantea que el amor es:
…” La aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia” …
superando el miedo como ansiedad primigenia de la guerra.
También, en cuanto a la competencia, la psicoanalista inglesa Melanie Klein propone que el origen de la posición esquizo-paranoide tiene su base en la teoría denominada:
…” de la teta buena (satisfacción) y la teta mala (frustración)” …
donde el bebé escinde su experiencia para protegerse de la ansiedad. Este par dialéctico entre amor/gratificación y odio/persecución es el prototipo primitivo de los conflictos y el generador de las dos ansiedades primarias que todos los seres humanos poseemos: el miedo a la pérdida (depresión) y el miedo al ataque (paranoia).
Ansiedades que, en el contexto de la guerra, llevan a la deshumanización del contrario, a la competencia y a la justificación de la violencia como forma de defensa, siendo estas ansiedades los posibles motores que, potenciados por la cultura, desencadenan los conflictos armados.
También el filósofo Thomas Hobbes define la guerra dentro de la competencia no solo como la batalla física, sino como un estado continuo:
…” de guerra de todos contra todos” …
que ocurre en el estado de naturaleza, caracterizado por la falta de un poder común que mantenga el orden. Indica que las causas de los conflictos bélicos son la competencia, la ganancia y la desconfianza/seguridad, la gloria y la reputación.
En consecuencia, propone su teoría del Leviatán (monstruo bíblico de poder absoluto), donde indica que todos los hombres deben ceder sus derechos; es decir, transfieren su poder a un soberano absoluto (Estado), escapando de su
…” estado de naturaleza” …
mediante un pacto social, garantizando así la paz mediante el temor al castigo, renunciando a su poder natural a cambio de protección.
Finalmente, pudiéramos concluir que la guerra está muy determinada por la posición esquizo-paranoide, que desde muy tempranos años de edad divide los objetos entre buenos y malos. Esta se basa en el miedo a la aniquilación y en mecanismos de defensa.
Es muy posible que esta posición proyecte y caracterice a
…” nosotros buenos contra ellos malos/perseguidores” …
transfiriendo sobre el enemigo la necesidad de atacarlo para sobrevivir.
Es realmente una división binaria de la realidad:
…” todo/nada” …
y esta posición es operativa en momentos de altos niveles de ansiedad.

