El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es uno de los trastornos hormonales más comunes en mujeres en edad reproductiva, con una prevalencia global estimada entre 6% y 20%, según los criterios diagnósticos del NIH y de Rotterdam. Suele iniciarse en la adolescencia y presenta una evolución variable, con síntomas que pueden fluctuar a lo largo del tiempo.
El SOP se origina por una desregulación endocrina que provoca hiperandrogenismo, anovulación crónica y, en algunos casos, morfología poliquística de los ovarios. Pese a su frecuencia, se estima que hasta el 70% de los casos no se diagnostican, ya que signos como ciclos menstruales irregulares, acné o hirsutismo suelen normalizarse o minimizarse en la atención primaria. Los criterios de Rotterdam establecen el diagnóstico cuando se cumplen al menos dos de tres signos clínicos, pero el infradiagnóstico persiste.
A largo plazo, el SOP incrementa de forma significativa el riesgo de diabetes tipo 2, síndrome metabólico, infertilidad y cáncer de endometrio. Existen distintos fenotipos clínicos, con presentaciones heterogéneas, y la obesidad —presente en más de la mitad de las pacientes— agrava la evolución del cuadro.
El manejo actual es multimodal, combinando tratamiento farmacológico y cambios en el estilo de vida, con reducción de síntomas en la mayoría de los casos. Especialistas subrayan la importancia del seguimiento médico periódico, especialmente metabólico y hormonal, y advierten que, pese a su impacto sanitario, el SOP continúa siendo un trastorno insuficientemente investigado y visibilizado.

