Odontopediatras y sociedades científicas insisten en que el flúor, lejos de ser un enemigo, es una herramienta clave para prevenir la caries infantil, siempre que se use en la concentración y cantidad adecuadas para cada edad. La evidencia científica señala que el verdadero riesgo no está en emplear pasta con flúor, sino en hacerlo mal o en prescindir de ella, lo que deja a los niños desprotegidos frente a una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia.
Los especialistas recomiendan empezar a usar pasta dental fluorada desde la erupción del primer diente de leche, algo que suele ocurrir alrededor de los 6 meses de vida. Desde entonces, el cepillado debe hacerse dos veces al día, especialmente por la noche, con ayuda de un adulto al menos hasta los 8-10 años, cuando el menor adquiere suficiente destreza manual para hacerlo correctamente.
En cuanto a la cantidad y concentración, las guías actuales marcan que de 0 a 5 años se utilice una pasta con 1.000 ppm de flúor, en una cantidad muy pequeña, similar a un grano de arroz o una ligera mancha sobre el cepillo. A partir de los 6 años se aconseja una pasta con 1.450 ppm de flúor, usando una porción equivalente a un guisante y manteniendo esa pauta durante la adolescencia y la edad adulta, salvo que el odontopediatra indique una concentración distinta según el riesgo de caries.
Los expertos subrayan que, en niños con alto riesgo, el profesional puede prescribir pastas de mayor concentración, incluso hasta 5.000 ppm, siempre bajo supervisión y siguiendo instrucciones estrictas para evitar una ingesta excesiva. Además, recuerdan que los enjuagues fluorados de uso diario o semanal solo aportan beneficios adicionales en casos seleccionados, y no sustituyen el cepillado con pasta fluorada.
El error más común que aumenta el riesgo de caries, según las sociedades de odontopediatría, es usar pastas “bajas en flúor” o sin flúor por miedo a la fluorosis, o bien colocar demasiada cantidad de producto en el cepillo, lo que fomenta que los niños lo traguen. Estudios recientes muestran que las pastas con baja concentración de flúor no protegen adecuadamente frente a la caries y tampoco reducen de forma significativa el riesgo de manchas por fluorosis leve, por lo que se considera más seguro emplear el nivel recomendado y controlar la cantidad aplicada en cada cepillado.
