El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó en Caracas que Washington impulsará un “aumento drástico” en la producción de petróleo de Venezuela, en el marco de una nueva fase de cooperación energética entre ambos países bajo el gobierno del presidente Donald Trump. El funcionario se reunió con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y aseguró que el objetivo es expandir también la producción de gas natural y electricidad, con impacto directo en la economía venezolana.
“Podemos impulsar un aumento drástico de la producción de petróleo venezolana, de la producción de gas natural venezolana y de la generación eléctrica”, declaró Wright, quien remarcó que una mayor actividad del sector energético mejoraría “la calidad de vida de todos los venezolanos del país”. El secretario sostuvo que la Casa Blanca ve en Venezuela un pilar de su estrategia de “dominancia energética” en el hemisferio y reiteró que Trump está “apasionadamente comprometido” con transformar la relación bilateral.
Rodríguez, por su parte, habló de una “asociación productiva a largo plazo” con Estados Unidos y de una agenda energética destinada a convertirse en “motor de la relación bilateral”. Según explicó, equipos técnicos de ambas naciones trabajan ya en hojas de ruta para reactivar campos petroleros, modernizar infraestructura y atraer inversiones privadas, con la meta de elevar la producción en el corto y mediano plazo.
La visita de Wright se produce luego de que altos funcionarios estadounidenses adelantaran que el embargo al crudo venezolano está “esencialmente terminado”, abriendo la puerta a operaciones más amplias de compañías energéticas norteamericanas. En foros recientes, el propio secretario ha señalado que la producción venezolana podría incrementarse hasta 30% en una primera etapa si se concretan los planes de inversión y rehabilitación de instalaciones.
Este giro supone un cambio profundo frente a la política de sanciones de años anteriores y se enmarca en la intención de Washington de reposicionar el crudo venezolano en el mercado global, reducir la influencia de Rusia y China en el sector energético local y asegurar nuevas fuentes de abastecimiento para Estados Unidos y sus aliados. Analistas advierten, sin embargo, que la recuperación plena de la industria dependerá del tiempo que tome reconstruir la infraestructura, de las condiciones contractuales y de la estabilidad política interna.
