Kissenger es un dispositivo tecnológico diseñado para que dos personas puedan “besarse” a distancia mediante una superficie de silicona con sensores y actuadores que reproduce la presión y el movimiento de los labios en tiempo real. El aparato se conecta al teléfono inteligente a través de una app y envía los datos del beso por internet al dispositivo gemelo de la otra persona, que los traduce en sensaciones táctiles similares a un beso físico.
El dispositivo, cuyo nombre juega con las palabras “kiss” y “messenger”, fue desarrollado como un gadget para parejas con relaciones a larga distancia, con el objetivo de añadir el tacto a las videollamadas tradicionales de voz e imagen. Sus sensores registran diferencias de presión y patrones de movimiento simples de labios y lengua, mientras que pequeños actuadores reproducen esos gestos en el otro extremo, creando una sensación de beso “realista” sobre los labios artificiales.
Kissenger se presenta como una funda o módulo con forma de labios que se acopla a la parte frontal del smartphone sin bloquear la pantalla, de manera que los usuarios pueden verse en videollamada mientras se envían besos sincronizados. La app asociada no solo transmite el contacto en tiempo real, sino que también puede registrar y guardar los “besos” para volver a reproducirlos, ampliando el uso más allá de la conversación simultánea.
Aunque por ahora se mantiene en fase de prototipo y no se comercializa de forma masiva, el dispositivo ha generado debate sobre el futuro de las relaciones mediadas por tecnología y el papel de la llamada “comunicación háptica” en la vida cotidiana. Sus creadores señalan que este tipo de interfaces podría servir no solo para parejas, sino también para acercar a familiares separados por grandes distancias, integrando el sentido del tacto en la comunicación digital del siglo XXI.
