La pérdida de biodiversidad en ecosistemas como la Mata Atlántica brasileña está llevando a los mosquitos a aumentar su preferencia por la sangre humana, un fenómeno respaldado por un estudio reciente del Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro. Este cambio en los hábitos alimenticios eleva significativamente el riesgo de transmisión de enfermedades vectoriales como dengue, zika y fiebre amarilla, al reducirse las opciones de presas animales silvestres.
Hallazgos clave del estudio
Los investigadores capturaron 1.714 mosquitos de 52 especies en reservas naturales de Río de Janeiro y analizaron el ADN de sangre en 145 hembras con abdomen engorgado, identificando 24 comidas sanguíneas completas. De estas, 18 correspondían a humanos (75%), mientras que solo seis provenían de animales como aves, anfibios o armadillos; se detectaron incluso mezclas, como sangre humana combinada con la de ranas en especies como Coquilletidia venezuelensis. Este patrón se observa en mosquitos oportunistas que antes priorizaban huéspedes silvestres, pero ahora se adaptan a la proximidad humana debido a la escasez de alternativas.
Factores impulsores
La deforestación acelerada y la urbanización en la Mata Atlántica —uno de los hotspots de biodiversidad más amenazados del mundo— expulsan mamíferos, aves y reptiles, dejando a los mosquitos con menos fuentes de alimento natural. Autores como Jerónimo Alencar y Sergio Machado enfatizan que la disponibilidad de huéspedes, más que preferencias innatas, determina esta «sed humana», exacerbada por la expansión de asentamientos humanos cerca de áreas protegidas. Estudios previos en otras regiones, como en contextos de urbanización, ya sugerían tendencias similares, pero este es uno de los primeros en vincularlo directamente a la pérdida de biodiversidad.
Riesgos y recomendaciones
Este giro antropofílico incrementa la exposición humana a patógenos transmitidos por mosquitos, potencialmente impulsando brotes en zonas periurbanas degradadas, donde la vigilancia es limitada. El estudio, publicado en Frontiers in Ecology and Evolution el 14 de enero de 2026, insta a monitoreos genéticos continuos, campañas de control vectorial y políticas de conservación para mitigar el impacto, subrayando que restaurar hábitats podría reducir la presión sobre humanos. En regiones como Perú y Venezuela, con ecosistemas similares amenazados, estos datos resaltan la urgencia de acciones preventivas locales.
