La percepción de que el deseo sexual masculino parece estar siempre activo, mientras que en las mujeres es más variable, tiene una explicación principalmente biológica y hormonal, según coinciden diversos estudios científicos recientes.
Especialistas señalan que la testosterona, hormona clave en el impulso sexual, se produce en ambos sexos, pero en niveles mucho más altos en los hombres, lo que contribuye a un deseo más estable a lo largo del tiempo. En las mujeres, en cambio, el deseo sexual está influido por un equilibrio más complejo entre testosterona, estrógenos y progesterona, hormonas que fluctúan durante el ciclo menstrual.
Estas variaciones hormonales hacen que el deseo femenino pueda aumentar en etapas como la ovulación y disminuir en otros momentos del mes, un patrón que no se presenta en los hombres, cuyo sistema hormonal no funciona por ciclos mensuales de fertilidad.
Los investigadores aclaran que estas diferencias son promedios biológicos, no reglas absolutas. Existen mujeres con alto deseo sexual sostenido y hombres con niveles bajos, ya que factores como el estrés, la salud emocional, la edad y el contexto de pareja también influyen de forma decisiva en ambos sexos.
En conclusión, la ciencia descarta mitos simplistas y apunta a que el deseo sexual responde a una interacción entre hormonas, biología y circunstancias personales, más que a una diferencia rígida entre hombres y mujeres.
