Los Estados del Golfo han endurecido su postura frente al régimen de Irán tras la reciente oleada de misiles y drones lanzados contra sus ciudades e infraestructuras energéticas, y varios gobiernos evalúan por primera vez la posibilidad de participar de forma directa en la guerra en coordinación con Estados Unidos y otros aliados.
Según fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Bahréin y Omán han pasado de una estrategia de contención y mediación a una de presión más intensa sobre Teherán. Este cambio se produce después de que Irán atacara con decenas de misiles y cientos de drones múltiples objetivos en la región, incluidos Riad, Abu Dabi, Doha y Manama, dejando víctimas civiles y daños en instalaciones petroleras y gasíferas.
Medios como The Wall Street Journal y Le Monde señalan que, aunque los gobiernos del Golfo siguen presentando públicamente la participación directa en la guerra como el escenario “menos probable”, ya no lo descartan si continúan los ataques iraníes o se cruzan nuevas “líneas rojas”. La ministra emiratí de Cooperación Internacional, Reem Al-Hashimy, declaró a CNN que, si la escalada lo exige, su país podría asumir un rol más activo, y advirtió que “la pelota está en la cancha de Irán”.
En el plano militar, los Estados del Golfo han reforzado la cooperación con Estados Unidos al permitir un uso más amplio de bases aéreas y facilidades logísticas desde las que se coordinan ataques contra objetivos iraníes. También han elevado el nivel de alerta de sus sistemas de defensa antimisiles y han intensificado las patrullas navales para proteger rutas estratégicas de exportación de crudo y gas.
En paralelo, varios gobiernos de la región estudian medidas para restringir el acceso de Irán a divisas y redes comerciales, como la congelación de activos iraníes en sus sistemas financieros y el aumento de controles sobre empresas y bancos señalados por Washington como parte de la red de evasión de sanciones. Estas iniciativas buscan agravar el costo económico de la ofensiva de Teherán y presionarlo para que reduzca sus acciones militares en la región.
Analistas citados por medios europeos y árabes advierten que una participación abierta de las monarquías del Golfo en operaciones contra Irán podría convertirlas en blanco prioritario de nuevas represalias y ataques híbridos, además de desestabilizar aún más el mercado energético global. Por ello, consideran más probable una escalada “calibrada” —mayor apoyo logístico, inteligencia y presión económica— antes que un despliegue masivo de tropas o aviones de combate bajo bandera del Consejo de Cooperación del Golfo.
En cualquier caso, los gobiernos del Golfo coinciden en que la ofensiva iraní ha cambiado el equilibrio estratégico y ha puesto a prueba la credibilidad de las garantías de seguridad de Estados Unidos, lo que podría acelerar la construcción de un sistema regional de defensa conjunta si la crisis se prolonga.

