El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció que impulsará la prohibición de los casinos digitales y de las plataformas de apuestas online en el país, con el objetivo declarado de combatir la adicción al juego y proteger la economía de las familias brasileñas. El mensaje fue lanzado el 8 de marzo, durante un discurso por el Día Internacional de la Mujer, en el que el mandatario vinculó directamente el avance del juego virtual con el endeudamiento de los hogares.
Lula calificó la adicción a las apuestas como “otro drama que golpea a los hogares brasileños” y subrayó que, aunque la mayoría de los jugadores compulsivos son hombres, “la cuenta recae en las mujeres”, porque es el dinero de la comida, el alquiler y la educación de los hijos el que termina perdiéndose en la pantalla del celular. “No tiene sentido permitir que el juego del vicio entre en las casas, endeudando a las familias a través del teléfono”, afirmó el presidente al justificar su postura contra los casinos digitales.
El jefe de Estado recordó que los casinos físicos están prohibidos desde hace décadas en Brasil y cuestionó la incoherencia de tolerar su versión digital sin un marco que proteja a los sectores más vulnerables.
Lula hizo un llamado a trabajar conjuntamente con el Congreso y el Poder Judicial para impedir que las casas de apuestas online sigan expandiéndose y “destruyendo los hogares”, anticipando que presentará iniciativas concretas para avanzar hacia la prohibición. La señal del Gobierno apunta más allá de una simple regulación: el presidente ha venido prometiendo desde febrero “medidas muy serias” contra el juego online, al que acusa de “llevarse el dinero del pueblo pobre”.
La propuesta abre un frente de debate con el sector de las apuestas deportivas y de los juegos en línea, que en los últimos años se consolidó como un mercado millonario, con fuerte presencia en publicidad deportiva y patrocinios. Mientras los defensores de la industria alegan generación de empleo e ingresos fiscales, el Ejecutivo pone en primer plano el impacto social y la necesidad de frenar el endeudamiento y la violencia asociada a la adicción al juego.

