Expertos en seguridad alimentaria alertan de que el principal error con las tablas de cortar, más allá de si son de madera o de plástico, es usarlas para todo tipo de alimentos, lo que abre la puerta a la contaminación por bacterias como la salmonela y la E.coli.
El verdadero riesgo: la contaminación cruzada en la cocina
La dietista-nutricionista Beatriz González explica que muchas personas emplean una sola tabla de cortar para carnes crudas, verduras y alimentos listos para consumir, favoreciendo la contaminación cruzada entre productos crudos y cocinados. La recomendación mínima es disponer de al menos dos tablas: una para alimentos que se consumen en crudo y otra para los que se comen cocinados, pudiendo añadirse tablas específicas para carnes, pescados y verduras en cocinas más exigentes.
González subraya que el problema no es únicamente el material, sino el estado de la superficie: tablas con múltiples cortes y surcos profundos se convierten en “un ‘airbnb’ de lujo para microorganismos” si no se limpian y secan correctamente. Tanto en madera como en plástico, estos surcos pueden retener restos de alimentos y humedad, creando un entorno ideal para el desarrollo de bacterias patógenas como la salmonela y la E.coli.
Los estudios citados por la experta apuntan a que las tablas de madera, bien cuidadas y mantenidas secas, tienden a dificultar la supervivencia de bacterias, ya que la madera absorbe la humedad y ayuda a que los microorganismos no proliferen. En cambio, las tablas de plástico son más propensas a acumular bacterias en los cortes y, además, pueden liberar microplásticos con el uso intensivo, por lo que se aconseja renovarlas con frecuencia cuando presentan un desgaste evidente.
Los especialistas insisten en que, para reducir el riesgo de infecciones alimentarias en el hogar, resulta clave combinar una elección adecuada de la tabla —preferiblemente de madera de calidad y en buen estado— con una higiene rigurosa: lavado con jabón, aclarado, secado completo y sustitución cuando la superficie esté muy dañada. De esta forma, se minimiza la posibilidad de que bacterias como la E.coli o la salmonela pasen de alimentos crudos a otros que se consumen sin cocción adicional.

