Rubio arribó a Francia para sumarse a la segunda jornada del encuentro de ministros de Exteriores del Grupo de los Siete, celebrado en Cernay‑la‑Ville, cerca de Versalles, en un contexto de fuertes tensiones por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel y el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Teherán. De acuerdo con el Departamento de Estado, el objetivo del viaje es “avanzar intereses clave de EE. UU.” y discutir con sus socios las guerras en Irán y Ucrania, así como las amenazas a la seguridad y la estabilidad global.
La misión diplomática de Rubio se produce después de que el presidente Donald Trump criticara públicamente a varios aliados de la OTAN por no involucrarse más en el conflicto con Irán, lo que ha incrementado el escepticismo europeo hacia la estrategia de Washington. Fuentes diplomáticas citadas por medios estadounidenses y europeos anticipan que los cancilleres del G7 pedirán explicaciones detalladas sobre los objetivos de guerra, los planes para reabrir el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— y las posibilidades reales de una salida diplomática.
Antes de partir a París, Rubio defendió la línea dura de la Casa Blanca al asegurar que los países “que creen en el derecho internacional” deben “dar un paso al frente” ante las amenazas de Irán contra el tráfico marítimo y la seguridad regional. Sin embargo, analistas consultados por la prensa señalan que varios socios del G7 temen un mayor escalamiento militar y buscan, más que ampliar su implicación, obtener garantías de que la campaña contra Teherán no derive en un conflicto abierto de larga duración.

