En el famoso mito del andrógino, narrado por Aristófanes en el fabuloso Banquete de Platón, cuenta este que originalmente los seres humanos eran esféricos, muy fuertes, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, existiendo en consecuencia tres géneros: masculino, femenino y andrógino.
El gran dios Zeus, temiendo su poderío y dominio, aconsejado por Apolo, los dividió por la mitad, y producto de esto los seres humanos quedaron separados, con dos piernas, dos brazos y una cara, buscando eternamente su otra mitad para sentirse completos. Esta búsqueda eterna es considerada por algunos románticos como la primera definición de amor: la popular media naranja.
Igualmente existía Cerbero, un dios terrible, el perro de las tres cabezas de Hades, que era el custodio feroz del inframundo y que tenía el específico trabajo de impedir la salida de los muertos y la entrada de los vivos.
O Anubis, de la mitología egipcia, dios con cabeza de chacal que guía las almas en el inframundo; o también Xólotl, divinidad de la mitología mexicana en forma de perro o salamandra, que también guiaba las almas en el Mictlán; así como el dios maorí Taniwha, con forma de serpiente o monstruo marino; Curupira, el dios amazónico representado por un niño pelirrojo con los pies hacia atrás.
Es decir, siempre en la relación hombre/animal han existido deidades con cuerpos humanos y cabezas de animal, como los nahuales, como la esposa grulla en Japón o el mito coreano de la osa que se convierte en mujer.
Dioses poderosos que guían los destinos de los seres humanos y cuyas características físicas giran entre lo humano y lo animal, no divididos como en El Banquete de Platón, en una constante búsqueda, sino, al contrario, unidos simbióticamente, incluso en su existencia primitiva y psicológica, como es el mito del hombre lobo, el mito de Quirón, el centauro sabio; el Minotauro, encerrado en el laberinto, que representa lo horrible del ser humano; y finalmente los sátiros, ligados a Dionisio, seres de placer y deseo.
Hago todo este recorrido, buscando contexto, para referirme al anuncio reiterado en las redes sociales, invitando al primer encuentro THERIANS en Venezuela, específicamente en Mérida y en Caracas.
Recordemos que la llamada cultura Therians o teriántropos son aquellos seres humanos que se identifican espiritual o psicológicamente con un animal no humano. Su origen se produce en la década de los años 90, con el mito del hombre lobo, desde las comunidades digitales principalmente.
Estos, los Therians, sienten una conexión profunda con un animal, a menudo expresada por medio de máscaras, colas y movimientos quadrobics (cuatro patas).
Desde la psicología social, la conducta de los Therians no se observa como un trastorno mental, sino como una subcultura y un fenómeno de autoexpresión. Es una búsqueda de sentido, de refugio emocional y pertenencia grupal, potenciada por las redes.
Algunos especialistas en salud mental no lo consideran dañino; al contrario, muy inofensivo, ya que no hay aislamiento social ni comportamientos autolesivos.
Otros especialistas consideran que su origen está ubicado en el rechazo a sentirse ser humano, postura comprensible ante la violencia y crueldad observable en los conflictos humanos, como Gaza, la guerra de Ucrania, el Medio Oriente, los bombardeos y secuestros en Venezuela, los asesinatos de ciudadanos migrantes y estadounidenses en EE. UU., la pedofilia en religiosos, los horribles expedientes Epstein, torturas, asesinatos en masa, hambre, miseria, genocidios, etcétera, que demuestran filosóficamente lo inacabado del ser humano, a diferencia de lo acabado de los animales no humanos.
Conscientemente, se ha venido promoviendo esta cultura desde los cimientos oscuros del Deep State norteamericano, por medio de películas hollywoodenses como:
- La materia oscura / La brújula dorada (The Golden Compass), donde todos los protagonistas tienen unos animales que están a su lado, los acompañan y sufren con ellos, llamados daimonion.
- Avatar, donde se interrelacionan por vía corpórea con caballos o criaturas aladas llamadas ikran.
- La llamada de lo salvaje o Colmillo Blanco y El doctor Dolittle.
Desde una mirada mucho más colectiva y vincular, creo humildemente que este comportamiento pudiese estar enmarcado en el profundo vacío y soledad de una generación imbuida y sumergida en las redes sociales, que observa, en su aislamiento, cómo desaparecen a nivel humano los más genuinos valores de respeto, solidaridad, acompañamiento y otredad colectiva. Ciertamente, es una demanda universal de ser escuchado.
Poema
Mi yo animal
Soy deliberadamente un animal no humano.
Me identifico con ellos, los animales no humanos, porque como ser humano no soy útil.
Como ser humano, hago daño y destruyo por placer.
Como ser humano, no soy nada humano.
Siento verdadera pena de esta inacabada y miserable humanidad,
humanidad que nos lleva irremediablemente a la guerra nuclear
y a nuestra propia extinción.

