El momento del parto puede dejar una huella emocional profunda en las mujeres, pero un nuevo análisis clínico advierte que no debe confundirse automáticamente un parto vivido como traumático con un caso de violencia obstétrica. La psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal Bianca Granados, autora del libro Matrescencia, explica que lo que define un parto traumático “no es lo que ocurre en el paritorio, sino cómo lo vive la mujer y cómo reacciona su sistema nervioso para protegerla”.
Qué es un parto traumático
Granados define el parto traumático como aquel que la mujer vive con miedo intenso, sensación de descontrol o desconexión, aunque desde fuera parezca un parto “normal”. Puede darse en partos con complicaciones obstétricas, intervenciones médicas invasivas o situaciones de violencia obstétrica, pero también en partos fisiológicos, sin incidencias clínicas, cuando la vivencia subjetiva de la mujer es de amenaza o desbordamiento.
En estos casos, la experiencia puede dejar secuelas psicológicas como ansiedad, flashbacks, síntomas de estrés postraumático o dificultades en el vínculo con el bebé, incluso cuando no hubo mala praxis objetiva.
Qué es la violencia obstétrica
La psiquiatra distingue ese concepto de la violencia obstétrica, que sí implica una vulneración de derechos. La define como la situación en que, durante el parto, se realiza una acción que agrede o violenta la voluntad de la mujer o la buena praxis médica, vinculada a formación inadecuada y a la falta de noción sobre los derechos de las pacientes. Puede expresarse en intervenciones sin consentimiento informado, abuso de medicalización, trato deshumanizador, comentarios despectivos, infantilización, falta de información o separación innecesaria del bebé.
Granados recuerda la definición de la RAE, que habla de “apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por parte del personal de salud”, con pérdida de autonomía y capacidad de decisión, y un impacto negativo en la calidad de vida.
Vivencia subjetiva y datos objetivos
La especialista subraya que violencia obstétrica y parto traumático son “conceptos independientes”:
• Puede haber violencia obstétrica sin que la mujer identifique su experiencia como traumática en un primer momento, porque se ha desconectado emocionalmente o normaliza ciertas prácticas.
• Y a la inversa, puede haber partos sin señales objetivas de mala praxis en los que, sin embargo, la mujer se siente profundamente violentada o traumatizada por cómo vivió la situación.
Por eso insiste en la importancia de escuchar la vivencia subjetiva de la madre, pero también de distinguir entre esa vivencia y los datos objetivos sobre si se respetaron o no sus derechos durante el proceso.
Prevenir y reparar
Granados destaca que, aunque hoy existe más formación y conciencia para evitar la violencia obstétrica en los paritorios, sigue habiendo prácticas normalizadas que la reproducen “a veces sin que nadie lo perciba”. Propone prevenirla mediante formación con enfoque de género, protocolos claros, comunicación respetuosa y tiempo suficiente para acompañar el parto de manera humanizada, con consentimiento informado, consciente y libre.
A su juicio, visibilizar la violencia obstétrica no debe entenderse como un ataque al personal sanitario, sino como una oportunidad para dignificar la experiencia de las mujeres que han sido dañadas y mejorar la atención perinatal.
