Pintarse el cabello con tintes no provoca cáncer de forma directa ni automática, pero su uso muy frecuente y prolongado podría asociarse a un ligero aumento del riesgo en ciertos tipos de tumores, según advierte un oncólogo del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).
El médico oncólogo Cristian Loayza, especialista en cabeza y cuello del INEN, señaló que la evidencia científica disponible no demuestra una relación causal directa entre el uso de tintes para el cabello y la aparición de cáncer. “No podemos decir que los tintes causen cáncer”, precisó, al recordar que muchos estudios que sugerían un mayor riesgo se basaban en fórmulas antiguas, con sustancias que hoy han sido modificadas o prohibidas por normas sanitarias.
El especialista explicó que los tintes permanentes actúan mediante reacciones químicas oxidativas que activan ciertos compuestos para que el color penetre en la hebra capilar, y que una parte mínima de estas sustancias puede ser absorbida por el cuero cabelludo. Investigaciones revisadas por organismos como el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. hablan de posibles asociaciones —no de causalidad comprobada— con cáncer de vejiga, de mama, de piel y algunos linfomas, sobre todo en personas que usan tintes oscuros de manera intensiva desde hace décadas.
Loayza advirtió que el posible riesgo aumenta con la frecuencia de uso y el tiempo de exposición del producto sobre la piel, por lo que recomendó limitar los tintes permanentes a un máximo aproximado de ocho aplicaciones al año y optar, cuando sea posible, por alternativas semipermanentes o temporales. Los trabajadores de salones de belleza, barberos y estilistas conforman un grupo de mayor exposición porque manipulan tintes y decolorantes a diario, muchas veces sin la protección adecuada de guantes ni una ventilación suficiente.
Entre los compuestos de mayor preocupación mencionó el amoníaco, la parafenilendiamina (PPD), el resorcinol y algunas aminas aromáticas, presentes tanto en tintes como en decolorantes, que en concentraciones elevadas y tras años de contacto podrían tener efectos acumulativos. El experto recordó que la combinación de decoloraciones repetidas y tintes muy oscuros puede facilitar una mayor absorción de químicos, por lo que aconsejó espaciar los procedimientos y evitar la aplicación directa sobre cuero cabelludo irritado o lesionado.
El oncólogo del INEN recomendó leer cuidadosamente las instrucciones, realizar siempre una prueba de alergia 24 horas antes de aplicar el tinte y respetar estrictamente los tiempos de acción indicados en el envase. También sugirió usar guantes, aplicar los productos en ambientes ventilados, lavar bien el cuero cabelludo después del proceso y evitar el uso de tintes en niños y adolescentes, cuya piel tiene mayor capacidad de absorción.
De acuerdo con el especialista, la clave está en la moderación y la información: quienes decidan teñirse el cabello deben conocer que el riesgo, si existe, se relaciona con la exposición acumulada y otras condiciones de salud, por lo que las decisiones sobre frecuencia y tipo de producto deberían tomarse, idealmente, con el consejo de un dermatólogo u oncólogo. Añadió que mantener controles médicos regulares, no fumar y llevar un estilo de vida saludable tiene un impacto mucho mayor en la prevención del cáncer que el hecho aislado de usar tintes capilares de manera ocasional.

