La política exterior entre Perú y México ha entrado en una fase de expectativa tras la elección de José María Balcázar como nuevo presidente del Perú. Este giro hacia la izquierda en el Ejecutivo peruano abre una ventana de oportunidad para sanar las fracturas diplomáticas que mantienen a ambos países distanciados desde noviembre de 2025. Desde el Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, abordó el tema durante “Las Mañaneras del Pueblo”. Aunque reconoció la afinidad ideológica de Balcázar —quien pertenece al mismo partido del recluido expresidente Pedro Castillo—, la mandataria mexicana se mostró cauta y firme sobre las condiciones para un acercamiento.
Presidenta de México a Balcázar: “La iniciativa tiene que ser de ellos” La postura de México es clara: la pelota está en la cancha de Torre Tagle. “Vamos a esperar a ver, una vez que tome posesión, si es factible restablecer las relaciones”, refirió Sheinbaum. No obstante, enfatizó que no será el gobierno mexicano quien busque el primer contacto formal, argumentando que fue el Estado peruano el que decidió quebrar los vínculos. “Tiene que ser de ellos, porque ellos fueron los que rompieron relaciones con México”, sentenció.
Un conflicto con raíces en el asilo político La crisis alcanzó su punto de no retorno hace apenas unos meses, cuando el Gobierno de Sheinbaum otorgó asilo político a Betssy Chávez, exjefa del Gabinete de Pedro Castillo. Chávez permanece hasta hoy en la Embajada de México en Lima, un hecho que el entonces canciller peruano, Hugo de Zela, calificó como una “posición inaceptable”. La tensión se remonta a diciembre de 2022, tras el fallido golpe de Estado de Castillo. La constante defensa de México hacia el exmandatario y el asilo concedido a su familia erosionaron una relación históricamente fraternal. La llegada de Balcázar al poder podría significar un cambio de narrativa, dado que su perfil sugiere una mayor sintonía con el eje progresista regional que lidera Sheinbaum. El restablecimiento de las relaciones no solo es una cuestión retórica, sino una necesidad comercial y migratoria para ambos países. Sin embargo, el futuro de esta alianza dependerá de si el nuevo mandatario peruano está dispuesto a priorizar el pragmatismo diplomático sobre las heridas políticas recientes.


