Más de medio siglo después de la última misión Apolo, la humanidad se prepara para volver a la Luna con el programa Artemis de la NASA, concebido no solo para repetir la hazaña del alunizaje, sino para aprender a vivir y trabajar de forma prolongada en la superficie lunar. Artemis II, prevista para marzo de 2026, enviará a cuatro astronautas en un vuelo tripulado alrededor de la Luna, como paso previo al regreso al suelo lunar y a la construcción de infraestructuras destinadas a una presencia humana sostenible.
Uno de los cambios más relevantes frente al programa Apolo es el objetivo a largo plazo: mientras que las misiones de los años 60 y 70 sumaron alrededor de quince días de estancia total sobre la superficie lunar, Artemis apunta a estancias mucho más largas y repetidas. El plan incluye la puesta en marcha de la estación orbital lunar Gateway, con una vida útil mínima prevista de 15 años, que servirá de plataforma de paso para futuras misiones y de laboratorio para probar tecnologías clave de cara a la exploración de Marte.
La elección de los destinos también marca una diferencia clara. Apolo se centró en regiones ecuatoriales relativamente accesibles, mientras que Artemis quiere operar en zonas cercanas al polo sur lunar, donde se han detectado reservas de hielo de agua en cráteres permanentemente sombreados. Ese recurso podría emplearse en el futuro para obtener agua potable, oxígeno respirable y combustible para cohetes, sentando las bases de una economía lunar y reduciendo la dependencia del suministro desde la Tierra.
El programa Artemis introduce además una dimensión de diversidad e internacionalización ausente en la era Apolo. Entre sus metas está que en próximas misiones pisen la Luna la primera mujer, la primera persona negra y el primer astronauta no estadounidense, fruto de la estrecha colaboración con agencias como la ESA y la Agencia Espacial Canadiense, que aportan módulos clave de la nave Orion y plazas para sus propios tripulantes.
También cambian el diseño y las condiciones de vida a bordo. Las cápsulas y módulos asociados a Artemis incorporan mayores niveles de confort y capacidad que las naves Apolo, con equipos de ejercicio, un sistema sanitario más completo y espacios de trabajo y descanso mejor adaptados a misiones largas. Según responsables de la ESA citados por la prensa especializada, el salto tecnológico y logístico es “mucho más complicado y ambicioso” que el de la carrera espacial original, pero se considera imprescindible para dar el siguiente paso: convertir la Luna en plataforma de ensayo para el futuro viaje humano a Marte.
