Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciando que el país comenzará “muy pronto” a “detener por tierra” a narcotraficantes venezolanos marcan una nueva escalada en la estrategia antidrogas de Washington hacia Venezuela y el Caribe.
Trump formuló el anuncio durante un mensaje por el Día de Acción de Gracias a tropas estadounidenses desplegadas en el exterior, donde elogió el desempeño de las fuerzas armadas en operaciones contra redes de narcotráfico vinculadas a Venezuela en el Caribe. Según el presidente, las acciones navales y aéreas habrían logrado reducir de forma “drástica” el flujo de drogas por vía marítima hacia Estados Unidos, lo que, a su juicio, obliga a los grupos criminales a buscar rutas terrestres alternativas.
El mandatario vinculó directamente a “narcotraficantes venezolanos” con la crisis de drogas sintéticas y opioides que atraviesa Estados Unidos, y los responsabilizó por la muerte de miles de estadounidenses cada año, en un discurso que combina la narrativa de seguridad nacional con la agenda interna de combate al crimen organizado. El énfasis en Venezuela se suma a meses de señalamientos de su administración sobre supuestos vínculos entre estructuras del Estado venezolano y organizaciones del narcotráfico.
Qué implica “detener por tierra”
Al hablar de que Estados Unidos comenzará a “detener por tierra” a narcotraficantes venezolanos, Trump alude a una nueva fase de la campaña antidrogas que trasladaría parte del esfuerzo desde el mar hacia controles, operativos y cooperación en corredores terrestres clave. Esto incluye, según analistas consultados por medios internacionales, el refuerzo de capacidades en fronteras, bases y países aliados del Caribe y América Latina, así como un mayor intercambio de información de inteligencia para seguir las rutas que conectan Venezuela con Centroamérica, México y la frontera sur de EE.UU.
Aunque el presidente no detalló públicamente si contemplan acciones directas en territorio venezolano, su referencia a una “acción terrestre” alimenta especulaciones sobre un posible endurecimiento del componente militar y de seguridad en la política de Washington hacia Caracas. Voceros del Departamento de Defensa citados por cadenas internacionales han preferido enmarcar las palabras de Trump dentro de la continuidad de operaciones de interdicción y cooperación regional más que en un anuncio inmediato de intervención, pero sin descartar ajustes tácticos.
Las declaraciones han generado preocupación en distintos sectores diplomáticos y de derechos humanos, que advierten del riesgo de una mayor militarización del enfoque contra el narcotráfico sin abordar las causas estructurales del problema ni el rol de las redes financieras que sostienen el negocio. En América Latina, expertos en seguridad consultados por la prensa recuerdan que experiencias previas de “guerra contra las drogas” han tenido resultados limitados y altos costos en términos de violencia y desplazamientos, por lo que recomiendan cautela frente a cualquier ampliación de operaciones terrestres.
Para Venezuela, el anuncio de Trump supone un aumento de la presión política y mediática, en un contexto ya marcado por sanciones, acusaciones de narcoterrorismo contra altos funcionarios y tensiones diplomáticas. En el plano interno estadounidense, el mensaje refuerza la imagen de una administración que coloca el combate al narcotráfico y al crimen organizado en el centro de su agenda de seguridad, en sintonía con un discurso que asocia amenazas externas con problemas internos de violencia y salud pública.

