Las personas con mayores niveles de resiliencia presentan menos síntomas de ansiedad y depresión y utilizan estrategias de afrontamiento más eficaces ante situaciones de estrés, según nuevos estudios que refuerzan el papel de esta capacidad psicológica como factor protector de la salud mental.
Qué muestra la nueva investigación
Una investigación reciente, difundida por Infosalus y basada en datos recopilados durante la pandemia de COVID-19, identificó distintos perfiles de resiliencia y su relación con la ansiedad, la depresión y los comportamientos de afrontamiento. Los autores encontraron que quienes reportaban resiliencia alta mostraban los niveles más bajos de ansiedad y depresión, menos impulsividad y una mayor sensación de bienestar, así como conductas más preventivas frente a situaciones de riesgo.
En el extremo opuesto, el grupo con baja resiliencia y dificultades para “reponerse” de la adversidad presentó los niveles más elevados de ansiedad y depresión, junto con peor capacidad de afrontamiento y menor bienestar general. Los investigadores concluyen que la resiliencia no solo se asocia a mejor salud mental, sino que también influye en cómo las personas se comportan frente a amenazas o crisis prolongadas.
Resiliencia y síntomas emocionales
Otros trabajos científicos han confirmado que la resiliencia tiene una relación inversa con la intensidad de los síntomas emocionales. Un estudio publicado en la revista ‘PLOS One’ mostró que mayores niveles de resiliencia se relacionan con menos depresión, ansiedad y estrés, y con una mejor recuperación tras experiencias traumáticas o altamente estresantes.
Modelos predictivos desarrollados en investigaciones en población adulta señalan que la resiliencia explica una parte relevante del bienestar psicológico y que, a su vez, este bienestar actúa como mediador para reducir la probabilidad de experimentar ansiedad y depresión. Es decir, las personas más resilientes tienden a mantener una mejor percepción de su vida, sus metas y sus relaciones, lo que amortigua el impacto de los eventos negativos sobre su estado de ánimo.
Por qué no todos afrontan igual la ansiedad y la depresión
Los expertos recuerdan que la resiliencia no implica ausencia de sufrimiento, sino la capacidad de adaptarse y seguir funcionando pese a la adversidad. De acuerdo con la neuropsiquiatra Rafaela Santos, potenciar esta capacidad ayuda a modular la respuesta del cerebro ante el miedo y la ansiedad y permite que la persona recupere el equilibrio emocional con mayor rapidez después de un evento difícil.
Según los estudios revisados, quienes tienen resiliencia alta suelen mostrar mayor confianza en sí mismos, mejor manejo de los pensamientos negativos, más flexibilidad para buscar soluciones y una actitud más activa ante los problemas, mientras que las personas con resiliencia baja tienden a bloquearse, evitar las dificultades o quedarse ancladas en el malestar. Los especialistas subrayan que estos patrones influyen directamente en la manera en que se vive y se supera un episodio de ansiedad o depresión.
¿Se puede fortalecer la resiliencia?
Los investigadores y clínicos coinciden en que la resiliencia no es una característica fija, sino una habilidad que puede entrenarse a lo largo de la vida mediante intervenciones psicológicas, apoyo social y cambios de hábitos. Programas de entrenamiento en resiliencia, como los descritos por la Clínica Mayo, trabajan aspectos como la identificación de recursos personales, la regulación emocional, el desarrollo de redes de apoyo y la reformulación de pensamientos catastróficos.
Los autores de los estudios señalan que fomentar la resiliencia, sobre todo en jóvenes y en colectivos expuestos a altos niveles de estrés, puede ser una vía eficaz para prevenir problemas de salud mental o reducir su gravedad, complementando —pero no sustituyendo— la atención profesional cuando la ansiedad o la depresión ya están presentes.

