Un equipo del Instituto de Descubrimiento Biomédico de la Universidad de Monash (Australia) identificó en la saliva de las garrapatas una proteína capaz de bloquear dos grandes grupos de quimiocinas, moléculas clave en los procesos inflamatorios, lo que abre la puerta a nuevos tratamientos contra la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple y algunos tipos de cáncer. El hallazgo, publicado en una revista del grupo Cell Press, supone un avance relevante porque hasta ahora solo se conocían proteínas similares —llamadas evasinas— que actuaban de forma selectiva sobre un único tipo de quimiocinas.
Cómo funciona la proteína de la garrapata
Cuando el sistema inmunitario detecta una amenaza, libera quimiocinas, pequeñas proteínas que dirigen a las células de defensa hacia el foco de la lesión o infección, desencadenando la inflamación. Esa reacción es necesaria para controlar infecciones, pero, si se desregula, puede volverse crónica y contribuir al desarrollo de enfermedades autoinmunes e inflamatorias como la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, la enfermedad inflamatoria intestinal o ciertos tumores.
Las garrapatas han evolucionado proteínas salivales —las evasinas— que se unen a estas quimiocinas y “silencian” la alarma inmunitaria, lo que les permite alimentarse de sangre durante días sin ser detectadas por el huésped. El nuevo estudio demuestra que una evasina concreta puede inhibir a la vez las dos principales clases de quimiocinas, ofreciendo un mecanismo de acción más amplio que las variantes conocidas hasta ahora.
Potencial terapéutico en enfermedades inflamatorias
Los investigadores sostienen que una evasina de acción amplia podría convertirse en una base para fármacos capaces de reducir de manera más eficaz la inflamación patológica en enfermedades como la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple, donde pese a los tratamientos actuales aún existe un alto riesgo de progresión y discapacidad. Además, dado que la inflamación crónica desempeña un papel importante en la evolución de algunos tipos de cáncer, el equipo plantea que estas proteínas podrían utilizarse también como coadyuvantes en terapias oncológicas.
El siguiente paso será diseñar versiones modificadas de esta proteína que mantengan su capacidad de bloquear quimiocinas, pero sean seguras y estables en el organismo humano, para luego probarlas en modelos animales y, eventualmente, en ensayos clínicos. Los autores advierten que, aunque el descubrimiento es prometedor, aún se encuentra en una fase preclínica y pasarán años antes de que pueda traducirse en un tratamiento disponible en la práctica médica.

