La violencia contra las mujeres también se ha trasladado al entorno digital, donde se registra un aumento de ataques que combinan fraude, acoso y control, potenciados por el uso de inteligencia artificial y el alcance de redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas de citas. Expertos de Panda Security han identificado los diez tipos de agresiones más frecuentes, que van desde la sextorsión y los deepfakes íntimos hasta estafas románticas y el espionaje mediante software malicioso.
Los 10 ataques digitales más frecuentes
- Deepfakes íntimos: creación de imágenes o videos sexuales falsos utilizando fotos reales de la víctima, que luego se usan para intimidar, humillar o dañar su reputación.
- Sextorsión: chantaje mediante la amenaza de difundir material íntimo (real u obtenido con IA) si la víctima no entrega dinero, más contenido sexual o no accede a determinadas exigencias.
- Estafas románticas: creación de perfiles falsos en redes o apps de citas para ganar la confianza de la víctima y, después, solicitarle dinero alegando emergencias o proyectos ficticios.
- Clonado de voz con IA: uso de audio sintético para suplantar la voz de la víctima o de un familiar y así engañar a terceros o reforzar estafas.
- Phishing hiperpersonalizado: correos o mensajes que imitan a bancos, empresas o contactos cercanos para robar contraseñas y datos financieros, adaptados al perfil y hábitos de la víctima.
- Secuestro de cuentas: apropiación de perfiles en redes sociales para pedir dinero a contactos, difundir contenido íntimo o amenazante y aislar a la víctima de su entorno.
- Brigading: campañas de acoso coordinado desde múltiples cuentas, con insultos, amenazas o desinformación para silenciar a mujeres que se expresan en espacios públicos digitales.
- Doxing: publicación de datos personales (dirección, teléfono, lugar de trabajo) para intimidar, perseguir o facilitar agresiones fuera de internet.
- Stalkerware y espionaje: instalación de aplicaciones espía en el móvil de la víctima —muchas veces por parejas o exparejas— para leer mensajes, rastrear ubicación y controlar su vida.
- Control digital de pareja: exigencia de contraseñas, revisión de chats, presión para enviar fotos íntimas y monitoreo constante de actividad en redes, como extensión de la violencia de género tradicional.
Un problema en expansión con fuerte sesgo de género
La violencia digital no afecta por igual a hombres y mujeres: cuando entran en juego el componente sexual, el daño reputacional y el control, las principales víctimas son ellas. Datos recopilados por el Ministerio de Igualdad de España en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024 señalan que 12,2% de las mujeres encuestadas ha sufrido algún tipo de acoso digital a lo largo de su vida.
Los especialistas advierten que el impacto va más allá de la pantalla: estas formas de agresión pueden provocar ansiedad, depresión, aislamiento social, pérdida de oportunidades laborales y miedo a participar en espacios públicos, incluidos los digitales. Además, recuerdan que muchos de estos ataques combinan elementos de delitos ya tipificados —como amenazas, coacción, extorsión o violencia de género— y pueden y deben denunciarse ante las autoridades.
Cómo protegerse en el entorno digital
Panda Security y organizaciones especializadas recomiendan medidas básicas de protección: reforzar contraseñas y activar la verificación en dos pasos, limitar la exposición de datos personales y fotos íntimas, desconfiar de perfiles que aceleran conversaciones íntimas, y revisar periódicamente qué aplicaciones tienen acceso al dispositivo. Ante un ataque, aconsejan conservar evidencias (capturas, enlaces, correos), evitar negociar con los agresores y acudir a canales de denuncia oficiales y servicios de apoyo psicológico y legal.

