Las autoridades financieras y policiales han encendido las alarmas frente a la proliferación de aplicaciones de préstamos que, bajo la promesa de dinero rápido y sin mayores requisitos, terminan accediendo a información sensible de los usuarios y utilizándola para extorsionarlos cuando no pueden pagar en los plazos impuestos. Este fenómeno, que ya se observa en Perú y otros países de la región, supone la migración del clásico “gota a gota” a un entorno digital, con un alcance potencialmente masivo y un impacto directo en la privacidad y la seguridad de las personas.
Cómo operan estas aplicaciones
Estas apps se promocionan en redes sociales, tiendas de aplicaciones o anuncios dirigidos como soluciones de crédito inmediato, ofreciendo montos pequeños, depósitos casi instantáneos y pocos requisitos formales. Una vez que el usuario las descarga, el sistema solicita permisos amplios: acceso a contactos, fotos, videos, mensajes y, en algunos casos, geolocalización, bajo el argumento de “verificación de identidad” o “seguridad de la cuenta”.
Con esa información, los operadores construyen una base de datos que incluye no solo al prestatario, sino también a familiares, amigos, colegas de trabajo y otros contactos que aparecen en el dispositivo. Después de desembolsar el préstamo —por ejemplo, 300 soles o su equivalente— imponen plazos muy cortos, comisiones no informadas previamente y tasas usurarias que encarecen la deuda en cuestión de días.
De la mora a la extorsión
Cuando el usuario se retrasa o cuestiona los cobros, comienza la fase de hostigamiento. Los operadores llaman insistentemente, envían mensajes intimidatorios por WhatsApp, SMS o redes sociales y, en algunos casos, editan fotografías extraídas del teléfono para difamar al deudor o amenazar con difundirlas entre todos sus contactos si no paga. Se han documentado situaciones en las que, pese a haber cancelado el monto original del préstamo, la persona sigue recibiendo exigencias de pago adicionales bajo amenaza de divulgar información privada o acusarla falsamente de fraude.
Expertos en ciberseguridad han advertido que esta combinación de sobreendeudamiento, presión psicológica y chantaje digital puede derivar en cuadros de ansiedad severa, depresión e incluso intentos de suicidio en las víctimas. Además, el carácter transnacional de muchas de estas redes dificulta su rastreo y desarticulación, ya que operan desde distintos países y utilizan intermediarios para mover el dinero.
Respuesta de las autoridades y recomendaciones
La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) recordó que las entidades que conceden créditos en el sistema formal deben estar debidamente autorizadas y supervisadas, e instó a la ciudadanía a verificar siempre, en el portal de la SBS, si una empresa de préstamos figura en el registro oficial antes de entregar datos personales o descargar cualquier aplicación. La institución también advirtió que algunas apps usan indebidamente su nombre o logotipos para aparentar respaldo regulatorio, por lo que pidió desconfiar de mensajes o anuncios que prometan “créditos inmediatos sin historial ni verificación”.
Por su parte, la Policía Nacional y las unidades especializadas en delitos informáticos recomiendan:
- No otorgar permisos de acceso a contactos, fotos y archivos a apps de origen desconocido.
- Leer reseñas y buscar antecedentes antes de instalar aplicaciones de préstamos.
- Guardar capturas de pantalla, mensajes y comprobantes en caso de hostigamiento o extorsión, y presentar una denuncia formal.
- Nunca ceder a amenazas de difusión de imágenes o datos personales, y acudir a las autoridades y a servicios de apoyo psicológico si la presión se vuelve intensa.
Los organismos de protección al consumidor subrayan que la solución al problema del sobreendeudamiento no puede pasar por estas vías informales y peligrosas, e insisten en la necesidad de fortalecer la educación financiera para que las personas conozcan sus derechos, comparen opciones de crédito y reconozcan señales de alerta antes de comprometer su información y su seguridad.

