Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto que muchas galaxias que dejaron de formar estrellas hace relativamente poco tiempo tuvieron un pasado mucho más violento de lo que se creía.
El estudio analizó galaxias “apagadas” o quiescentes, es decir, sistemas que ya no producen nuevas estrellas. Los investigadores encontraron evidencias de que estas galaxias experimentaron intensas fusiones con otras galaxias, grandes estallidos de formación estelar y episodios de actividad extrema de sus agujeros negros centrales antes de quedar inactivas.
Según los científicos, esos procesos liberaron enormes cantidades de energía y gas, lo que terminó expulsando o calentando el material necesario para seguir creando estrellas. En otras palabras, las galaxias no se extinguieron de forma gradual, sino tras una etapa de gran violencia cósmica.
Las observaciones, realizadas con telescopios espaciales y terrestres de última generación, ayudan a explicar cómo algunas galaxias pasan rápidamente de ser sistemas muy activos a convertirse en estructuras “muertas” desde el punto de vista estelar.
El hallazgo también ofrece pistas sobre la evolución de galaxias similares a la Vía Láctea y sobre el papel que desempeñan los agujeros negros supermasivos en el destino de las galaxias. Clave del descubrimiento: las galaxias que hoy aparecen tranquilas y sin formación estelar podrían haber vivido una juventud marcada por colisiones, explosiones de nacimiento de estrellas y actividad extrema en sus núcleos.

