Dos semanas después de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, la emergencia humanitaria ha entrado en una nueva fase. Aunque las labores de búsqueda y rescate continúan en algunas zonas, los organismos de ayuda advierten que el mayor peligro ya no son los derrumbes, sino el riesgo de enfermedades, la escasez de agua potable y el deterioro de las condiciones sanitarias.
El Comité de Emergencia Español alertó que la combinación de hacinamiento en refugios temporales, baja cobertura de vacunación, falta de agua potable, deficiencias en higiene y saneamiento, además de las altas temperaturas y las lluvias recientes, crea un escenario propicio para brotes epidémicos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha advertido sobre el aumento del riesgo de enfermedades infecciosas en las zonas afectadas.
La Guaira continúa siendo el estado más golpeado por el desastre, aunque al menos otros siete estados presentan daños significativos. Miles de familias permanecen desplazadas y dependen de la asistencia humanitaria para acceder a alimentos, agua, atención médica y refugio. Según las cifras oficiales más recientes, el desastre ha dejado más de 3.600 fallecidos y 16.700 heridos.
Las organizaciones humanitarias insisten en que la respuesta debe centrarse ahora en garantizar agua segura, fortalecer la vigilancia epidemiológica, restablecer los servicios de salud y acelerar la distribución de ayuda para evitar una crisis sanitaria de mayor magnitud. En paralelo, continúan las evaluaciones de daños estructurales y los trabajos para recuperar servicios básicos en las comunidades afectadas.

