El consumo de bebidas alcohólicas no solo afecta al hígado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el alcohol está relacionado causalmente con más de 200 enfermedades, traumatismos y otras afecciones. Entre ellas figuran distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos, enfermedades hepáticas y problemas de salud mental.
Entre las enfermedades y trastornos directamente vinculados al consumo de alcohol se encuentran la cirrosis hepática, hepatitis alcohólica, pancreatitis aguda y crónica, trastornos por consumo de alcohol, dependencia del alcohol, epilepsia y diversos trastornos mentales. También aumenta el riesgo de cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon y recto y mama. La OMS considera al alcohol un carcinógeno del grupo 1.
El impacto también alcanza al sistema cardiovascular. La OMS estima que en 2019 el consumo de alcohol estuvo relacionado con unas 474.000 muertes por enfermedades cardiovasculares. Además, el alcohol contribuye a lesiones por accidentes de tránsito, violencia y otros traumatismos.
La magnitud del problema es mundial. Según la OMS, alrededor de 2,6 millones de muertes fueron atribuibles al alcohol en 2019, incluyendo fallecimientos por enfermedades no transmisibles, lesiones y enfermedades transmisibles. La organización también estima que unos 400 millones de personas de 15 años o más vivían con trastornos por consumo de alcohol.
Uno de los aspectos más preocupantes es que el riesgo no se limita exclusivamente a quienes presentan una dependencia. En el caso del cáncer, la OMS señala que incluso cantidades pequeñas de alcohol incrementan el riesgo y que, en general, cuanto mayor es el consumo, mayor es el riesgo.
Más que una sustancia asociada únicamente a la embriaguez o la dependencia, el alcohol constituye un factor de riesgo para múltiples enfermedades que afectan prácticamente a todo el organismo. Por ello, la prevención y la reducción del consumo pueden tener un impacto importante sobre la salud individual y colectiva.

