Un estudio internacional demuestra que las corrientes atmosféricas permiten a determinadas aves recorrer grandes distancias con un gasto energético mínimo, desafiando las teorías tradicionales sobre el movimiento de los vertebrados.
Una investigación internacional, publicada en la revista científica Science, reveló que volar puede convertirse en la forma de desplazamiento más eficiente entre los vertebrados, incluso por encima de la natación, cuando los animales aprovechan favorablemente las corrientes atmosféricas.
El trabajo, encabezado por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, de Alemania, y la Universidad de Swansea, del Reino Unido, contó con la participación de 68 investigadores de diferentes países, incluidos especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.
Los resultados cuestionan una clasificación ampliamente aceptada durante décadas, según la cual nadar representa el movimiento de menor consumo energético, seguido del vuelo y, finalmente, de la carrera terrestre.
Sin embargo, los científicos descubrieron que esta clasificación puede modificarse considerablemente cuando se estudia el comportamiento de los animales en su entorno natural y se incorporan las condiciones meteorológicas.
UN ESTUDIO DE 17 AÑOS
La investigación reunió información obtenida durante 17 años mediante dispositivos GPS y acelerómetros instalados en 850 ejemplares de aves y murciélagos pertenecientes a 38 especies.
Adicionalmente, los especialistas incorporaron cuatro años de observaciones mediante radares, lo que permitió ampliar el análisis a un total de 50 especies y grupos de aves voladoras.
En conjunto, examinaron aproximadamente 1,4 millones de posiciones geográficas y cerca de 195.000 segmentos de vuelo, relacionándolos con las características del viento, las corrientes ascendentes y las condiciones ambientales.
Esta metodología permitió calcular cuánto tiempo dedicaban los animales a batir sus alas, cuánto permanecían planeando y qué cantidad de energía necesitaban para recorrer determinadas distancias.
Los resultados demostraron que el costo energético del desplazamiento depende considerablemente de la capacidad de cada especie para aprovechar las fuerzas naturales presentes en la atmósfera.
EL CÓNDOR ANDINO, UN EJEMPLO REVELADOR
Uno de los hallazgos más sorprendentes surgió al comparar el comportamiento del cóndor andino con el del cisne trompetero.
Ambas aves pueden alcanzar aproximadamente 11 kilogramos de peso, pero presentan diferencias extraordinarias en su manera de desplazarse.
Mientras el cisne trompetero necesita batir sus alas durante el 99 % del tiempo de vuelo, el cóndor andino puede mantenerse en el aire batiéndolas apenas durante el 0,1 % de su recorrido.
Esta diferencia permite que el cóndor registre un gasto energético por kilómetro hasta un 79 % inferior al del cisne.
La explicación se encuentra en las corrientes térmicas ascendentes, columnas de aire caliente que permiten a determinadas aves ganar altura prácticamente sin esfuerzo muscular.
Al aprovechar estas corrientes, los cóndores pueden recorrer enormes distancias mientras conservan sus reservas energéticas.
El análisis de siete especies de buitres proporcionó resultados igualmente reveladores. Los ejemplares estudiados acumularon más de 4,3 millones de kilómetros recorridos y aproximadamente 128.000 días de vuelo.
Durante estos desplazamientos, las aves utilizaron el aleteo solamente entre el 0,1 % y el 7 % del tiempo total.
LA ATMÓSFERA COMO FUENTE DE ENERGÍA
Los investigadores establecieron que el aire no debe considerarse únicamente el medio por el cual se desplazan las aves, sino también un recurso energético que determina sus posibilidades de movimiento.
Las corrientes ascendentes proporcionan sustentación, mientras que los vientos favorables pueden facilitar el desplazamiento y reducir el esfuerzo necesario para avanzar.
Por el contrario, los vientos de frente aumentan la resistencia y pueden incrementar considerablemente el consumo energético.
Esta circunstancia explica por qué algunas aves que dependen del planeo consiguen desplazamientos extraordinariamente eficientes, mientras otras, que necesitan aletear constantemente, presentan mayores exigencias metabólicas.
No obstante, los científicos advierten que el vuelo no siempre resulta más económico que nadar. Su eficiencia depende de factores como el tamaño corporal, la anatomía de las alas, el comportamiento y las condiciones atmosféricas.
CONSECUENCIAS PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO
Más allá de modificar conceptos tradicionales de la biología, el descubrimiento podría convertirse en una herramienta importante para la conservación de especies.
Los investigadores consideran que los cambios en los patrones de viento y en las corrientes térmicas, asociados al calentamiento global, podrían modificar las rutas migratorias y la distribución geográfica de numerosas aves.
Las especies de mayor tamaño, especialmente aquellas que dependen del planeo, podrían experimentar mayores dificultades si disminuye la disponibilidad de corrientes ascendentes favorables.
Por esa razón, comprender las relaciones entre el vuelo y las condiciones atmosféricas permitirá mejorar los modelos científicos destinados a anticipar modificaciones en el comportamiento de la fauna silvestre.
El equipo también plantea desarrollar nuevas investigaciones que permitan medir directamente el consumo energético de los animales, utilizando indicadores fisiológicos como la frecuencia cardíaca.
El estudio representa un avance en la comprensión de la movilidad animal y demuestra que la eficiencia del desplazamiento no depende exclusivamente de las características físicas de cada especie, sino también de su capacidad para aprovechar la energía que ofrece la naturaleza.

