El agotamiento de las aguas subterráneas provocado por la agricultura podría ser más grave de lo que se estimaba. Un estudio internacional advierte que la extracción intensiva para el riego está reduciendo las reservas de agua bajo tierra en distintas regiones agrícolas.
Las aguas subterráneas son fundamentales para el abastecimiento de millones de personas y para mantener la producción de alimentos, especialmente en zonas donde las lluvias son insuficientes.
Los investigadores señalan que la sobreexplotación puede provocar el descenso de los niveles freáticos, aumentar los costos de bombeo y, en determinadas zonas, favorecer problemas como el hundimiento del terreno o la salinización de los acuíferos.
El problema resulta especialmente preocupante porque la recuperación de algunos acuíferos puede requerir décadas o incluso siglos. Por ello, los especialistas plantean mejorar la gestión del riego, reducir las extracciones excesivas y desarrollar sistemas agrícolas menos dependientes del bombeo de agua subterránea.
La investigación pone de relieve que el desafío no consiste únicamente en disponer de agua para la agricultura, sino en garantizar que las reservas subterráneas puedan sostener la producción y el consumo humano a largo plazo.

