Especialistas en salud mental advierten sobre el incremento de consultas de niños y adolescentes por autolesiones y comportamientos suicidas. La ansiedad, las exigencias académicas, los conflictos familiares y la presión de las redes sociales figuran entre los factores asociados. Los médicos destacan que reconocer las señales de alerta y ofrecer apoyo oportuno puede prevenir consecuencias graves.
El aumento de las consultas por problemas de salud mental entre niños y adolescentes preocupa a especialistas en pediatría y psiquiatría, quienes advierten sobre una mayor presencia de conductas autolesivas e ideas suicidas en pacientes cada vez más jóvenes.
La situación fue analizada por expertos españoles en una investigación periodística publicada el 10 de octubre, en la que señalaron que los servicios de urgencias pediátricas han registrado un crecimiento de las atenciones relacionadas con comportamientos suicidas, particularmente desde los 11 años.
Santiago Mintegui, pediatra del Hospital Universitario de Cruces, en Bilbao, y coordinador del Observatorio Toxicológico de la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas, explicó que durante la última década se ha observado un incremento de estas consultas.
El especialista considera que se trata de un fenómeno complejo, relacionado con diferentes circunstancias emocionales, familiares y sociales, que requiere atención médica y acompañamiento especializado.
LA PRESIÓN POR SER PERFECTOS
Pedro Javier Rodríguez Hernández, presidente de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría, señaló que muchos adolescentes enfrentan exigencias relacionadas con el rendimiento académico, las actividades deportivas y las expectativas familiares.
La necesidad de obtener buenos resultados y evitar equivocaciones puede convertirse en una importante fuente de ansiedad.
A estas circunstancias se suman los conflictos familiares, las dificultades para establecer relaciones sociales y la falta de herramientas para gestionar emociones intensas.
Los especialistas explican que algunos menores experimentan sentimientos de frustración o desesperanza cuando consideran que no pueden cumplir las expectativas de su entorno.
Sin embargo, advierten que las conductas suicidas no responden a una causa única y que resulta incorrecto atribuirlas exclusivamente a problemas escolares o familiares.
REDES SOCIALES Y COMPARACIONES CONSTANTES
Las plataformas digitales también forman parte de los factores que pueden influir en el bienestar emocional de niños y adolescentes.
Aunque ofrecen oportunidades para comunicarse, aprender y desarrollar vínculos sociales, también pueden promover comparaciones constantes con estilos de vida aparentemente perfectos.
La exposición continua a imágenes de éxito, belleza y reconocimiento puede generar sentimientos de insuficiencia en determinados usuarios.
Rodríguez Hernández explicó que estas comparaciones pueden contribuir a incrementar la ansiedad, especialmente cuando los adolescentes sienten que deben alcanzar modelos difíciles de conseguir.
El acoso digital, la exclusión social y la exposición a contenidos perjudiciales también representan riesgos que deben ser atendidos.
No obstante, los expertos reconocen que las redes sociales no producen por sí solos comportamientos suicidas. Sus efectos dependen de las experiencias individuales, las condiciones del entorno y otros factores de vulnerabilidad.
LA DEPRESIÓN NO SIEMPRE SE MANIFIESTA COMO TRISTEZA
Uno de los aspectos más importantes para las familias es comprender que los problemas emocionales durante la infancia y la adolescencia pueden manifestarse de formas diferentes a las observadas en los adultos.
La depresión, por ejemplo, no siempre aparece acompañada de tristeza evidente. También puede expresarse mediante irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales o cambios importantes en el comportamiento.
Entre las señales que merecen atención figuran las alteraciones persistentes del sueño, las dificultades alimentarias, el descenso del rendimiento escolar y la negativa reiterada a participar en actividades cotidianas.
Los médicos recomiendan prestar especial atención cuando estos cambios se mantienen durante varias semanas o afectan significativamente la vida del menor.
Asimismo, cualquier expresión relacionada con deseos de morir, desesperanza profunda o intención de hacerse daño debe tomarse en serio y motivar una evaluación profesional, aunque no existan otros síntomas visibles.
LA FAMILIA Y LA ESCUELA SON FUNDAMENTALES
Los especialistas consideran que la prevención comienza con la creación de entornos donde los niños y adolescentes puedan expresar sus preocupaciones sin temor a recibir críticas o castigos.
Escuchar con atención, reconocer la importancia de sus emociones y mantener una comunicación frecuente son acciones que contribuyen a fortalecer la confianza familiar.
También recomiendan promover actividades deportivas, descanso adecuado, relaciones sociales saludables y un uso equilibrado de las tecnologías digitales.
Los centros educativos desempeñan un papel importante al identificar cambios de comportamiento, prevenir el acoso escolar y facilitar el acceso a orientación psicológica.
Cuando un adolescente expresa pensamientos suicidas, los especialistas aconsejan preguntarle directamente cómo se siente, escuchar sin juzgar y buscar ayuda profesional. Si existe un peligro inmediato, no debe permanecer solo y es necesario acudir a los servicios de emergencia.
ATENCIÓN GRATUITA EN PERÚ
La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental. Asimismo, identifica el suicidio como la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años.
En Perú, el Ministerio de Salud dispone de la Línea 113, opción 5, que ofrece orientación y apoyo psicológico gratuito durante las 24 horas del día.
Las familias también pueden acudir a los Centros de Salud Mental Comunitaria o a los establecimientos sanitarios cercanos.
Los especialistas coinciden en que la detección temprana y la atención adecuada permiten mejorar significativamente la salud mental de muchos niños y adolescentes.
La prevención requiere un esfuerzo conjunto de las familias, las instituciones educativas, los profesionales sanitarios y las autoridades, con el objetivo de garantizar que quienes atraviesan situaciones de sufrimiento emocional reciban la ayuda necesaria.

